Gaza: Las noches de los cristales rotos
Por Enrique Riestra Rozas

Para muchos, aquella noche de Noviembre de 1938 (la noche de los cristales rotos)  marca el principio del Holocausto judío. Fue una noche donde la realidad se imponía sin dejar dudas o sin prolongar en el tiempo el desenlace tan sobradamente conocido del exterminio que los nazis llevaron a cabo contra los judíos. Eran judíos alemanes, polacos, rusos…con el rasgo común de una religión, el judaísmo y una historia también común, aunque una historia muy lejana.

Después de lo acaecido tras el fin del nazismo, el hoy llamado mundo occidental, perplejo por la crueldad y las cifras de la misma, y en un acto de justicia que contradice en sí lo justo, vio oportuno y conveniente  concederles un Estado, el Estado de Israel. Las Naciones Unidas (que no eran más que las naciones vencedoras entonces, cada una con su peso-y no dejan de serlo hoy día-) con la complicidad del colonialismo de la época decidieron conceder a los supervivientes judíos un Estado, un lugar en el mundo. Se barajaron diferentes lugares geográficos, pero no podía existir otro lugar que no fuera ese Estado prometido, ese Estado del que casi 2000 años atrás salieron los judíos de entonces en eso que conocemos como el Éxodo.

No hay problema. En una jugada maestra y sin adversarios se les concedió Palestina. Pero ¿qué hacer con el pueblo palestino? Pues ya se verá como se maneja la situación.
 La situación se manejó de tal forma por parte del ya Estado de Israel y EEUU (y la comunidad internacional), que hoy día tenemos el contexto geopolítico  que todos conocemos. Así, los palestinos pasaron por protectorados, colonialismos, ocupaciones, hasta llegar a vivir en  verdaderos campos de refugiados (refugiados en su propio país). Pero no termina ahí la transformación, pues por imposible que parezca ahora la franja de Gaza ha dejado de ser un campo de refugiados para convertirse en un campo de exterminio. Mensaje directo para sus pobladores, e indirecto para los otros campos de refugiados, que pueden pasar del estatus de refugiados (incluso sin tener tal estatus) al estatus, o mejor dicho, el no estatus de exterminados.

Este resumen breve e incompleto, y para muchos probablemente sesgado, no es sino un preámbulo para explicar el porqué de  “Las noches de los cristales rotos”.
Y es que en Gaza apenas quedan cristales, casi todos están rotos. Igual que aquella fatídica noche del 38 el simbolismo entre los cristales rotos de los comercios regentados por judíos y su posterior masacre estuvieron trágicamente unidos, hoy, los cristales rotos en Gaza simbolizarán otra tragedia para el hoy llamado estado de Israel.

¿Cómo se puede repetir la historia?, y no me refiero a ¿Cómo un “pueblo” masacrado y exterminado como el judío puede masacrar y exterminar de la misma cruenta forma a otro pueblo? La respuesta a esta pregunta es demasiado individualista y, probablemente, cualquier respuesta racional lleve a pensar  a los exaltados y a los no tan exaltados en el antisemitismo, o mejor dicho, en el antisionismo. Nada que ver, por supuesto.

A lo que yo me refiero es como la simbología puede marcar el mismo camino, una vez más, el camino del éxodo.
La situación inhumana a la que está sometiendo Israel a los hacinados y encarcelados habitantes de Gaza va a dar, una vez más en su historia, con el rechazo de los pueblos del mundo hacia los judíos. Si estas palabras se interpretan como antisemitas (antisionistas), están mal interpretadas. Es la historia a la que los Israelíes tanto se agarran, la que nos dice que no sólo sufrieron un éxodo. Sufrieron muchos, pues esa misma historia nos dice de tantos lugares donde fueron expulsados (para nada digo que justamente) a lo largo de su peregrinar por el mundo.

Pues bien, el mundo occidental, al que se supone pertenece Israel, acepta  implícitamente la masacre de un pueblo –el palestino- intentando no ruborizarse ni avergonzarse a la hora de calificar la masacre como guerra o conflicto. ¿Fue una guerra la que se dio en el gueto de Varsovia, por ejemplo? ¿Si? ¿Es que hay alguien que lo considere guerra? Pues ahora tenemos que escuchar que esto sí es una guerra, un conflicto. Qué falta de humanismo, que indignación me produce escuchar o leer eso en casi todos los medios de comunicación, y por ende, en la opinión malformada de una sociedad cada día más ignorante. Que pena, que miedo, que vergüenza… 

Son los cristales rotos en estos ya 15 días de exterminio en Gaza los que propiciarán el principio del siguiente éxodo.
Israel se olvidó de muchas cosas. Una muy importante es el paso del tiempo. Ya la pena por el horror que sufrieron tantos judíos durante el nazismo queda muy alejada. Ya la permisividad por haber sufrido tal barbarie se difumina con el tiempo. Ya los hombres y mujeres de hoy van a pensar más en los cristales rotos en Gaza en 2009 que en aquellos cristales rotos de 1938. Por eso, si antes escuchar la palabra nazi representaba “el mal” y la palabra judíos representaba “el sufrir”, ahora “el mal” lo representa Israel, y “el sufrir” los palestinos.

Por eso el punto de inflexión ya se ha sobrepasado. Por eso, el pueblo israelí con sus bombas y morteros, con sus aviones y barcos y con toda la tecnología para la muerte de que dispone, no sólo está masacrando a civiles (a hombres, mujeres y niños palestinos),   también está escribiendo a golpe de metralla un futuro tan poco esperanzador como aquél que empezó en Alemania para su propio pueblo, cuando un loco, asesino y genocida, también propició la rotura de cristales. Hoy ese loco, asesino y genocida es el Estado de Israel (y todos lo que de alguna forma  le soportan)

Al igual que ayer, son los cristales rotos los que marcarán el principio de un fin. Pero esta vez, son ellos mismos los que, con la rotura de los cristales de otros, marcarán, una vez más, su propio destino.
                                          
Por todo ello, y al comprobar otra vez las cínicas formas de la comunidad internacional y la permisividad con que contemplan este exterminio, como individuo que soy me decanto por el boicot individual. ¿De qué manera? Eso cada uno valorará: puede ser de palabra, pudiera ser mediante la negativa a comprar productos que conlleven beneficios al estado de Israel, o mediante la presión hacia nuestros gobernantes para que corten las relaciones con un estado capaz de asesinar y torturar a tanta gente inocente, y hacerlo, además, con esa frialdad y prepotencia, y con la seguridad de salir impunes de semejante atrocidad.

Boicoteemos al estado de Israel

Por la vida y la dignidad. Por la justicia y por que la muerte de tantos inocentes no quede impune. Demostrémosles que como individuos tenemos la fuerza para que nuestra indignación sea escuchada. Demostrémosles que matar a un pueblo no les va a salir gratis.


                                                                                    Enrique Riestra Rozas

 

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*Este artículo fue escrito 15 días después de que el Estado de Israel comenzara a exterminar masivamente, sin control e impunemente a los habitantes de la franja de Gaza.
Aunque de repente el propio Estado de Israel decretó un “alto el fuego” pues sus intereses ya estaban alcanzados, y con ese acto unilateral el mundo apartó su mirada de la franja (pues se avergonzaba desde la perspectiva que lo miraba, y por ende, fue muy fácil apartar la vista y pensar que nada pasó, y que nada pasa), este artículo, para desánimo de su autor no tiene fecha de caducidad. Sólo hay que analizar la vida (y la muerte) a día de hoy en lo que es el mayor campo de prisioneros del mundo, y como el enemigo- el carcelero- ahoga sin piedad y sin el menor atisbo de humanismo a más de millón y medio de personas.

                                                                                   Enrique Riestra Rozas.