EL LECTOR EN LA PRÁCTICA TEXTUAL CREACIONISTA
UN RELATO DE HUIDOBRO
Por Mauricio Ostria González
A Luis Muñoz
...de estas novelas que te ofrezco en ningún modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen ni pies ni cabeza, ni entraña. ni cosa que les parezca...
MIGUEL DE CERVANTES
Río ríe antes que venga la fatiga
En su carro nebuloso de dios
Y los años y los siglos
Se amontonen en el vacío
Y todo sea oscuro en el ojo del cielo.
VICENTE HUIDOBRO
1. Todo texto, con mayor razón si es literario, constituye un complejo sistema de relaciones funcionales lingüístico-semiológicas en el que convergen múltiples códigos. La misión del lector consiste en actualizar el sistema e interpretar la pluralidad de códigos que cifra el tejido textual. Esto es lo que comúnmente llamamos leer comprensivamente. De modo que la no ocurrencia de un lector capaz de poner en movimiento los signos en sus diversas direcciones funcionales convierte al texto en una cadena de procedimientos vacíos, artefacto mudo, promesa de sentido incumplida. Este incumplimiento puede ser parcial o total de acuerdo al grado y profundidad de la lectura. Señala Umberto Eco que el destinatario se postula siempre como el operador capaz de entender cada una de las expresiones contenidas en el libro y de recurrir a una serie de reglas sintácticas preexistentes con el fin de reconocer las funciones reciprocas de los términos en el contexto1. Todo texto está destinado a ser leído y a ser leído bien. La lectura correcta, claro, no siempre coincide con las intenciones o deseos del autor; es más bien el correlato necesario de la textualidad realmente producida. Podemos, pues, prescindir de la comunicación 'real' entre un actor y un lector empíricos, y pensar, más bien, en dos estrategias que se enfrentan y que, en cierto modo se contienen: la estrategia del texto, en tanto disposición de signos generadora de sentidos, y la estrategia lectora, destinada a descifrar los códigos y a entender el texto. Ésta está contenida virtualmente en aquélla: todo texto postula y programa un destinatario (lector modelo o ideal), cuya competencia—asumida por lectores eventuales— debería permitir actualizar, en todo o en parte, sus relaciones de sentido. Esta función lectora, encarnada históricamente, puede reducirse o ampliarse y, eventualmente, modificarse al entrar en relaciones intertextuales insospechadas y, por la naturaleza dialéctica de la semiosis, provocar transformaciones en el texto como generador de sentidos: he ahí el poder creador de la lectura.
El sistema textual literario que, como hemos dicho, contiene una pluralidad de códigos, requiere para su adecuada actualización o interpretación, no solo de la competencia lingüística pertinente, sino también de una competencia semiológica capaz de entender lo no dicho en el texto (presupuestos, consabidos, implicancias, connotaciones, etc.), aquello que forma parte de su sentido profundo, así como de descodificar eficazmente los diversos códigos concurrentes (filológicos, históricos, culturales, ideológicos, etc.). De aquí que la competencia lectora que el texto prevé supone, en tanto es asumida cabalmente, una serie de movimientos cooperativos, activos y conscientes por parte del lector empírico2, de modo que el texto se actualice de la manera prevista por él mismo y la tarea interpretativa resulte feliz.
El principio operador de descodificación inmanente al texto se genera a través de los diversos componentes textuales; entre otros, una lengua (excluye lecturas que no la posean), un léxico (a menudo selectivo), un conjunto de recursos estilísticos y retóricos, una determinada enciclopedia3 (que debe incluir los varios códigos de referencias culturales y la información mínima relativa a situaciones y entornos que el texto supone), así como determinadas marcas genéricas y discursivas.
Ahora bien, hay textos cuya cooperación lectora resulta relativamente fácil (historias lineales, discursos unívocos) y otros, que oponen más o menos dificultades a la labor descodificadora. Por ejemplo, dentro del género narrativo, existen relatos más o menos previsibles y relatos cuyo desenlace resulta más o menos inesperado. Incluso, hay textos que se programan para que el lector vaya reformulando sus hipótesis, cambiando sus expectativas o, simplemente, suspendiendo su juicio en virtud de encrucijadas o ambigüedades previstas por el texto: la novela policial, por ejemplo, juega, sobre todo, ocultando la solución del enigma en el nivel de los acontecimientos; las obras llamadas abiertas4 programan lecturas plurales y pueden contener varios lectores modelos; ciertos textos herméticos o simbólicos pueden trabajar para poner en crisis sus propias estructuras superficiales o inducir al lector, mediante 'trampas', a la cooperación ingenua o inmediata de este, a reconocer sentidos implícitos o descubrir relaciones isotópicas complejas 5.
2. El caso que deseo explicar aquí—el de las Tres inmensas novelas escritas por Vicente Huidobro en colaboración con Hans Arp—es singularmente ilustrativo en cuanto a constituir un verdadero desafío al lector, aun al lector especializado, por implicar un continuo trabajo de corrección de expectativa, tanto en el nivel diegético, como —sobre todo—, en el nivel lingüístico-discursivo. En efecto, al lector superficial o desprevenido, el libro puede parecerle sin más una tomadura de pelo (reacción que provocaron también, por ejemplo, algunas obras de arte vanguardistas: pensemos en la pintura de Picasso, el fenómeno Dadá o ciertas manifestaciones surrealistas), un juego sin otro sentido que el de divertirse ¿a costa del lector?, un conjunto de historias absurdas. Un lector más atento, empero, tal vez en 'una segunda lectura y provisto de la competencia enciclopédica y semiológica necesaria, percibirá—allende las incoherencias discursivas y el delirio narrativo—un funcionamiento textual, cuya forma y sentido se insertan en el horizonte de las poéticas de vanguardia, no sólo en tanto gesto negativo (de oposición o anti), sino como acto de invención, afirmación de libertad auctorial, juego y poesía. Observará también, ese lector competente, cómo el texto— tan gratuito y caprichoso en apariencia— se inserta en su historia de manera beligerante y crítica, sustentando una ideología humanista frente a los sistemas imperantes, percibidos como inhumanos y crueles.
3. Las Tres inmensas novelas 6—y aquí comienza a funcionar la indispensable enciclopedia—publicadas en 1935, en Santiago, fueron escritas en 1931 y 1932 en la Europa7 de entreguerras, precisamente, en el periodo critico iniciado con la gran depresión de 1929; esos años coinciden también con el auge expansivo del movimiento surrealista, al que se adscribe la pintura y la poesía de Hans Arp y con el que Huidobro tiene sus simpatías y sus diferencias8 . En cuanto a la producción del poeta chileno por entonces, debe señalarse que se trata de un momento de exitosa fecundidad que incluye Altazor (1931) y una serie de textos experimentales narrativos y dramáticos9 . En resumen, intensa actividad creadora en un entorno de crisis socioeconómica. He aquí el marco referencial mínimo en el que hay que situar el proceso de escritura y la publicación de las Tres inmensas novelas que, en este contexto, aparecen como un juego de vacación, un alto recreativo en las preocupaciones más trascendentes de Huidobro y Arp10 . Así lo explica aquél: "muchos dirán al leer estas páginas que nosotros sólo sabemos reír. Ignoran lo que la risa significa, ignoran la potencia de evasión que hay en ella" 11.
4. Las dimensiones del librito de sólo 83 páginas contrastan, evidentemente, con el calificativo de 'inmensas' que se atribuye a las novelas en la tapa del libro12 . Esta flagrante contradicción, si no sorprende al lector, al menos lo pone alerta respecto de una posible ironía, construida por la oposición del significado del adjetivo titular (‘inmensas') y la exigüidad material del libro (es, pues, una ironía translingüística). El título así construido sugiere al lector la siguiente disyuntiva: se trata de una broma de los autores, que han recurrido a la técnica del 'mundo al revés' (lo cual puede ser un indicio de la forma general del texto), o de una sutileza semántica, basada en los significados etimológicos de los términos: 'in menso' = no medido (no implica, por tanto, gran extensión) y 'novela' = relato novelesco algo corto13 . Tal disyunción hipotética no puede ser resuelta de momento. Más aún, si revertimos la información etimológica a los valores semánticos actuales, la contradicción o ironía se transforma en ambigüedad por neutralización de semas: 'inmensas' (no medidas-grandes) novelas (relatos ficticios algo cortos-largos).
5. Pendiente la desambiguación del título en la tapa, el lector abre el libro y vuelve a sorprenderse, porque la portada luce un título diferente. Ahora se anuncian: Tres novelas ejemplares. La correspondiente competencia intertextual permitirá al lector vincular estos relatos con los que escribiera Miguel de Cervantes y publicara en 1613, y, de paso, felicitarse por haber recuperado el étimo del término 'novela' que, claro, coincide con el significado con que lo emplea el autor del Quijote. En cuanto al significado de ‘ejemplar', el propio Cervantes lo explica: "Heles dado el nombre de ejemplares, y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso''14 . En verdad, la actitud cervantina está más cerca de la honesta recreación que del ejemplo moralizador: "mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar a entretenerse sin daño de barras; digo sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan”15 . También Huidobro utiliza el verbo 'entretenerse': "nos entreteníamos en escribir juntos las tres novelas tan ejemplares"16 . Hay, pues, una analogía en la percepción funcional de las novelas en el plano pragmático, aunque Cervantes enfatiza el deleite del lector y Huidobro parece escribir para su personal regocijo. También se puede entender 'ejemplar' con el significado de modelo, paradigma, obra digna de ser imitada. En efecto, Cervantes no sólo defiende la excelencia artística de sus novelas: "doce cuentos que, a no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los más pintados" 17; sino que recalca su autoría prioritaria y su originalidad: "yo soy el primero que he novelado en lengua castellana... éstas son mías propias, ni imitadas, ni hurtadas"18 . El lector conocedor de las declaraciones y manifiestos poéticos de Huidobro no tendrá dificultad en asociar las advertencias cervantinas a las constantes y casi obsesivas protestas de originalidad y prioridad artísticas de éste. De modo que puede presumirse que sus novelas tan ejemplares buscan ser tan primeras, propias y originales como lo fueron en su tiempo las de Cervantes. Cuanto más, que ya en la "Carta" prólogo a su ‘hazaña' Mío Cid Campeador, Huidobro afirma ser el creador de un nuevo tipo de relatos, una forma novelesca que se opone a la novela canónica y que, claro, la supera: "La 'Hazaña' —escribe—es la novela de un poeta y no la novela de un novelista. Hay muchos poetas que hacen novelas de novelistas. Allá ellos. Yo no participo de ese vicio. Sólo me interesa la poesía y sólo creo en la verdad del Poeta"19 . Aquí, sí, nos apartamos de la analogía que, trabajosamente, hemos pretendido establecer entre unas y otras novelas ejemplares, porque a estas alturas resalta que las Tres inmensas novelas no son ni inmensas, ni ejemplares, ni novelas. ¿O lo son?
6. Abolida toda seguridad, el lector, perplejo, hojea el libro para cerciorarse de su contenido, ya que, además, carece de un índice. Mientras realiza tal operación, podrá cavilar: 'no es la primera vez que el título de un libro escamotea su género', dos de las obras más famosas llamadas comedias, no lo son: la Divina, de Dante y la Humana, de Balzac, para no mencionar sino dos ejemplos clásicos'. Y en estas cavilaciones, será sorprendido de nuevo al descubrir que la única certeza que hasta entonces lo asistía —en relación al título— se derrumba también: no son tres sino cinco relatos, puesto que Huidobro ha agregado dos, suyos exclusivos, a los tres escritos en colaboración con Arp, por razones editoriales que él mismo se encarga de explicar a su amigo y coautor—y a los lectores—en una carta incluida en el libro:
Aprovechando mi estada en Barcelona, camino de Mallorca, en donde voy a pasar mis vacaciones, llevé a mi editor, nuestras Tres novelas ejemplares. El editor las encontró cortas para hacer un libro y me he visto obligado a escribir yo solo, otras dos más. Estas dos, que he titulado Dos ejemplares de novela te las dedicaré a ti en recuerdo de aquellas vacaciones, que pasamos juntos en Arcachón y de esas noches, cuando a la hora de la sobremesa nos entreteníamos en escribir juntos las tres novelas tan ejemplares que encabezan este libro20 .
Las explicaciones de Huidobro confirman, asimismo, el carácter de divertimiento que tuvo para sus autores el proceso de composición del libro, rasgo que, evidentemente, se trasmite a las distintas instancias textuales y, entre ellas, a las relaciones discursivas, involucrando, consiguientemente, al lector.
7. Dice a continuación Huidobro: “Aún tengo en los oídos tus risas y aún me parece ver esos relámpagos repentinos que iluminaban nuestros ojos en ciertos momentos”21 . Estos antecedentes predisponen al lector a asumir un texto humorístico, construido, presumiblemente, a base de situaciones cómicas y juegos de palabras22 , intrascendente diversión vacacional. Instalado en esta perspectiva, una nueva observación huidobriana torna otra vez a descentrarlo, a desafiar su ingenua creencia de estar en posesión de la clave de lectura apropiada:
Muchos dirán al leer estas páginas que nosotros sólo sabemos reír. Ignoran lo que la risa significa, ignoran la potencia de evasión que hay en ella. Además creen que un poeta no puede presentar varios aspectos; tienen el alma monocorde y juzgan a los demás como son ellos.
Estas páginas no corresponden, claro está, a toda nuestra obra ni a todo nuestro ser integral (...) Sin embargo hay en ellas algo más que risas y que burlas23 .
El lector se sacude rápidamente: no quiere ser tildado de 'monocorde'; estuvo tentado de leer el texto solo como un gran chiste. Pero el autor advierte: "hay en ellas algo más que risas y que burlas". El texto ha explicitado—a través de la voz autorial incorporada al libro—la existencia de sentidos plurales, trascendentes a lo meramente cómico. El lector atento buscará, en consecuencia, aproximándose al rol del lector modelo, ir más allá de la superficie del enunciado para sorprender en la expresión chistosa o burlesca, en la figura irónica, en la caricatura o en la estructura paródica, ese 'algo más', ese resto de sentido que, prometido por la voz autorial, compromete también al lector implícito.
Con esta disposición, se inicia la lectura de los cinco relatos, sin olvidar que, hasta aquí, las expectativas creadas por el texto se han orientado, en primera instancia, a confundir al lector para obligarlo, luego, a formular nuevas previsiones. Las 'tres inmensas novelas' resultaron ser cinco cuentos, cuya ejemplaridad no reside en un posible ético, sino en la construcción de una antiestructura novelesca que al provocar la irrisión del canon tradicional, afirma como forma original e inédita la novela de poeta.
8. El libro—como ya se ha advertido—está dividido en dos partes. La primera lleva por título Tres novelas ejemplares, escritas por Huidobro y Arp y son las siguientes: "Salvad vuestros ojos" (novela posthistórica), "El jardinero del castillo de medianoche" (novela policial), "La cigüeña encadenada" (novela patriótica y alsaciana). La segunda parte, Dos ejemplares de novela, pertenece a Huidobro y comprende: "El gato con botas y Simbad el Marino o Badsim el marrano" (novela póstuma) y "La misión del gangster o la lámpara maravillosa" (novela oriental).
Estamos, pues, en presencia de un repertorio de subgéneros novelescos (recordemos que también las novelas ejemplares cervantinas exploran distintas formas del novelar en su tiempo), que son, sucesivamente, objetos de parodia: la novela de anticipación, la novela policial, la novela histórica. La novela política, la novela de aventuras gangsteriles. Señala Fernando Alegría que "Huidobro y Arp usan la parodia como forma de antinovela no en el sentido de la dialéctica cervantina (destruir para crear), sino como negación total, acaso respondiendo a los gritos finiseculares de que la novela por fin ha muerto"24 . La parodia se basa en la mecanización de determinadas estructuras, estereotipos que denuncian su rigidez desvinculados de sus contextos significativos propios; se tiende a la linealización y degradación semántica de ciertos módulos discursivos automatizados; se repite un rasgo, una frase, una imagen, una estructura, pero de modo que se desintegre el todo25 ;. Al extrañar las estructuras, al vaciarlas de sus contenidos y aislarlas de sus contextos habituales, el texto paródico muestra el puro mecanismo, la estructura desnuda, rígida, carente de vida: "sugerir esta interpretación mecánica dice Bergson debe ser uno de los procedimientos favoritos de la parodia"26 . Sin embargo, el juego paródico en los textos que comentamos, no se cierra, creemos, en un circuito exclusivamente destructivo. En este sentido, la negación total que observa Alegría, debe entenderse como negación de la arquitectura genérica, de lo novelesco canónico del texto, con el fin de hacerlo asumir valores poéticos. Se trata, como veremos más adelante, de sustituir la lógica del relato (de los posibles narrativos) por la lógica de la imagen; de modo que lo caótico desde el punto de vista del orden narrativo tradicional, es imagen libre desde una perspectiva poética. "El absurdo cómico es de la misma naturaleza que el de los sueños"; "la lógica de lo cómico es la lógica de los sueños"27 . Y la lógica de los sueños es análoga a la lógica poética.
9. En esta ocasión me limitaré a explicar, en el ámbito de las consideraciones precedentes, el primero de los relatos que contiene el libro: "Salvad vuestros ojos", cuyo subtítulo—"novela posthistórica"—lo inscribe, aunque paródicamente, en la serie de las novelas de anticipación, llamadas también de 'ciencia ficción'. El título está construido en forma de apelación (independientemente de si estemos o no prevenidos en cuanto a un posible sentido irónico del texto); él advierte al destinatario sobre un posible daño y lo exhorta a realizar una acción preventiva: "salvad vuestros ojos". El subtítulo, por su parte, refiere la acción del enunciado a un tiempo futuro y proyecta, en consecuencia, a ese tiempo la apelación. Dado que el carácter futurista del relato, anticipado en el subtítulo, también puede ser paródico, el lector opta sólo provisionalmente por un sentido recto de las atribuciones referenciales. Activada su competencia, el lector actualiza los rasgos propios de la ciencia ficción, cuyos mecanismos y convenciones procurara descubrir en el texto concreto y a cuyos posibles canónicos acomodará su enfoque y su horizonte de expectativas.
10. Ahora bien, el verosímil de la novela de anticipación implica, entre otras cosas, la referencia a un mundo que se mueve entre la realidad (o lo que normalmente entendemos por ella) y la ficción, tensando sólo hasta cierto punto las relaciones entre ambos universos de sentido. El enunciado de este tipo de discurso narrativo procura crear una impresión de realismo, haciendo ingresar lo imaginario en lo real, siendo lo real, en este caso, el universo de la ciencia moderna, es decir, "un conjunto de doctrinas cuya validez ningún occidental pone seriamente en duda"28 . Simultáneamente, desrealiza la ciencia—lo real—, proyectándola a un futuro hipotético, imaginario. El mecanismo de tensión se basa casi siempre en la anticipación ficticia a los resultados alcanzados por la ciencia y la tecnología; de aquí que, normalmente, estos relatos sitúen su acción en el futuro, sin que se alteren por esto los principios fundantes de la ciencia presente. En otras palabras, estos principios constituyen el sistema de restricciones de la novela de anticipación. Se trata de una lógica estricta y, en cierto modo, impuesta desde fuera, que somete lo imaginario y limita las posibilidades de invención.
11. La primera frase del relato, "Era el día de Navidad", nos ubica en un mundo aparentemente conocido; la segunda, por sólo un efecto de contigüidad, destruye esa suposición, contradiciéndola: "Era el día de Navidad, el 1° de mayo" (p. 9). Aunque podría suponerse que, dado que se trata de una historia futurista, las cosas podrían haber cambiado de tal modo que la navidad ya no se celebrara el 25 de diciembre sino que coincidiera con el día internacional del trabajo (lo que podría implicar, por ejemplo, la instauración de una especie de religión del trabajo), unas líneas más adelante encontramos una nueva incoherencia, que esta vez, no sólo afecta a una convención, como son las efemérides de la civilización occidental, sino que altera los principios mismos de la lógica racional: "era el último día del nuevo año', (p. 9). La ruptura del automatismo de la frase hecha y el quiebre lógico que conlleva, invita al lector a situarse en un mundo en el que ya no funcionan los principios sobre los que se funda el conocimiento moderno y han sido abolidos los puntos de apoyo orientadores de nuestra experiencia acerca de las cosas. Desde el principio, pues, el texto muestra su hostilidad a la lógica racional sobre la que se basa la ciencia moderna y, por lo tanto, trabaja por expulsar los posibles de la novela de anticipación. La incoherencia no sólo destruye el código del calendario occidental, altera, asimismo, las relaciones normales entre seres y atributos o funciones, con lo que deshace las solidaridades léxicas que estructuran la sintaxis semántica universal. Así, encontramos expresiones como las siguientes: "los pelos que a nosotros nos servían para saber la hora" (p. 10), "nariz lacrimosa" (p. 10), "el futuro soldado desconocido" (p. 15), "una brújula que marca noventa años después del nacimiento de José" (p. 16); "le brotan medallas sobre la nariz" (p. 16), "estornudar como cuentos de hadas" (p. 14), "ordeñar un sepulcro" (p. 16). La incoherencia es más notoria cuando hace estallar las formas rígidas de los clisés lingüísticos, rompiendo el automatismo perceptivo: "un viejo lobo del aire" (p. 15); "el ojal derecho del pantalón izquierdo" (p. 9) o cuando se instala en trozos de discurso repetido, provocando su irrisión por el contraste entre la rigidez mecánica de las lexías solidificadas y la ruptura violenta de su valor designativo normal: "Tenía un cierto parecido con el Arca de Noé, aunque su barba era un poco más larga y su palomo un poco más corto. Sin embargo, llevaba en el pico de su mirada aviesa una hermosa rama de olivo" (p. 10). A veces, la incoherencia (quiebre en la dimensión designativa o referencial del lenguaje, y que por tanto no afecta a la estructura propiamente linguística, idiomática29 ) puede complicarse por cruces de semas correspondientes a clases léxicas30 distintas: "no más ancho que la mitad de la oreja del Angelus de la tarde" (p. 10); "la curiosidad, esa virtud de los ascensores y de los timbres eléctricos" (p. 14); "alfileres de corbata de los cortocircuitos especializados" (p.10). A veces se añade un procedimiento de inversión: "fabricantes de motores a corazón" (p. 13). De las incoherencias designativas se pasa a las impertinencias sintáctico-semánticas que afectan, si, a la estructura idiomática: "árbol sentimental", "arco iris cantantes", "aeroplanos sentimentales", "salchichas descentradas", "suspiro perforado", "corazones calafateados", "soles inocentes", etc. Estas, igual que las incoherencias designativas, entorpecen el curso regular de la diégesis, porque imponen una lógica poetice que tiende a abolir la lógica narrativa. Los acontecimientos, las imágenes y las frases se encadenan sin afinidad aparente, de modo que frustran toda previsión. Desarrollar un argumento con coherencia se convierte en un rasgo prohibido:
—Te afirmo que no es un viejo lobo del aire—dijo José— Es el futuro soldado desconocido.
—Desengáñate— exclamó Rose Marie desdeñosa—, no cabe duda de que es un viejo lobo del aire: mira como la pipa humea entre sus labios y como sus manos tienen forma de aterrizaje forzoso.
—Yo no veo tal aterrizaje forzoso y en cuanto a la tal pipa, ella no es sino una cometa que le cuelga de la boca. o si prefieres, una especie de vómito de fuego en el cual se ve una brújula que marca noventa años, después del nacimiento de José. Sostengo que es el futuro soldado desconocido: mira cómo le brotan medallas sobre la nariz y observa su sonrisa socarrona.
—Imposible. Si fuera el futuro soldado desconocido, daría evidentes signos de vida. Además eso probaría que iban a haber aún guerras lo cual es un grave error científico (pp. 15-16).
El empleo del lenguaje lógico—la discusión argumentativa sirve para hacer la irrisión de la coherencia lógica y la apoteosis de lo inconexo; estamos en el reino del absurdo, de la fábula boba, del mundo al revés. De modo que aunque la sintaxis sea correcta y los modos de decir, familiares, las incoherencias estallan en cada línea, en cada frase y las formas que se esbozan y que sugieren algún asidero al lector, son constantemente destruidas y negadas por desvíos sorpresivos. Uno de los procedimientos más característicos de perturbación de la lógica del referente, lo constituye la 'metáfora literal', es decir, la metáfora que ha dejado de serlo porque es asumida—y así debe ser interpretada denotativamente, al pie de la letra, por el texto. Así: "del cielo caían hombres de nieve y toneles llenos de truenos" (p. 9); "el árbol del idealismo, ese árbol sentimental en el cual se mecían los nidos de los filósofos materialistas" (p. 9); "la última mujer sentada sobre las teclas de la más alta montaña de la tierra" (p. 9); "los cinco continentes no ladraron más en las noches de luna" (p. 14), etc.
12. Si bien se mira, los distintos procedimientos de perturbación y ruptura de la lógica racional y narrativa, que aquí funcionan cómicamente por poner de manifestó los mecanismos desvitalizados que regulan las estructuras y, consiguientemente, producir la desligazón de los sentidos, son, en otro contexto, los mismos que Huidobro y los poetas de vanguardia emplean en la producción de sus textos poéticos31 .
13. Abriéndose paso por entre la maraña tramposa de incoherencias, imágenes insólitas y rupturas de estereotipos lingüísticos y discursivos, el lector implícito, encarnado en el lector crítico, intentará, así lo prevé el texto, articular una fábula que justifique la etiqueta de novela de anticipación. He aquí su resumen:
El hombre ha desaparecido de la faz de la tierra. En su lugar han surgido los glóbulos hermafrometálicos, especies de androides estandarizados que han transformado el mundo: los valores ideales, imaginativos han sido abolidos y sustituidos por un cientificismo racionalista excluyente de toda manifestación afectiva o fantástica. Los únicos sobrevivientes del antiguo orden son las ardillas, que se burlan de los glóbulos, asustándolos con reminiscencias espectrales del pasado: son sus enemigos encarnizados, pues representan la virtualidad de los poderes intactos de la imaginación y el sentimiento. Una tarde del año 03 Z7, un glóbulo hermafrometálico femenino encontró, dentro de una vieja caverna olvidada, el cadáver de un ser humano. Corre a contarle su hallazgo a un compañero. Mientras discuten acerca de la identidad del muerto, éste resucita y entona una canción que produce extraños efectos en la naturaleza y en los glóbulos que, súbitamente, se sienten arrebatados por el amor.
El argumento así recortado destruye en absoluto todos los efectos de sorpresa, comicidad y poesía, y revela la trivialidad de una anécdota que, carecería de total importancia si no fuera porque en su resolución melodramática revela el movimiento regresivo que caracteriza a la novela de anticipación. En efecto, el texto de Huidobro y Arp, al parodiar la convención estructural que regula la ciencia ficción pone de manifiesto la contradicción implícita en este genero narrativo y sobre la cual se construye la ilusión de futuro, el efecto anticipatorio que comunica a su destinatario. Esa contradicción surge por la imposibilidad de resolver el conflicto entre la anticipación ficticia y la fidelidad a la ciencia establecida. Por esta razón, los pretendidos mundos imaginarios del futuro no pueden sino repetir, imitar mundos análogos, versiones utópicas o ucrónicas de nuestro propio espacio y de nuestro presente. Por eso, los relatos de ciencia ficción están condenados siempre al regreso32 . Al desembocar en el melodrama, el texto de Huidobro y Arp hace evidente, sorprende el mecanismo que articula la novela de anticipación y lo erosiona por la risa; ese posible contradictorio que el género anticipatorio está destinado a ocultar: la imposibilidad de superar la historia sin apartarse de los principios de la ciencia.
Finalmente, la desconstrucción del verosímil de la ciencia ficción permite descubrir el sentido de ese "algo más que risas" de la carta de Huidobro: en efecto, el texto desemboca en un apóstrofe-protesta (recuérdese el título) en contra del racionalismo estrecho y de la confianza casi religiosa en la ciencia exacta. La supervivencia de las ardillas que "les hacían sentir (a los glóbulos hermafrometálicos) el aroma de lavanda e imitaban los gritos y los cantos de los búhos, de los relojes y de los curas, de tal modo que los glóbulos temblaban como nosotros ante los espectros" (p. 13), es la expresión figurada de esa guerra de que habla Hauser "contra la 'desalmada' visión científica del mundo" que emprenden los movimientos de vanguardia, "teniendo en la mente el positivismo por una parte, y el capitalismo por otra". En definitiva, el "salvad vuestros ojos" es una diatriba en contra "del tiempo de las revoluciones cuando los burgueses se empecinaban en defender y propagar su lepra ultravioleta" (pp. 13-14). Análogo sentimiento de crisis orientó a la poética y práctica manierista: el título de 'novelas ejemplares' no era, pues, solo un juego de palabras:
Basta ya de vuestros pedazos de hombre, de vuestros pequeños trozos de vida. Basta ya de cortar el hombre y la tierra y el mar y el cielo...
...tu primera especialidad. Poeta, es ser humano, integralmente humano. No se trata de negar tu oficio, pero tu oficio es oficio de hombre y no de flor.
...Queremos (...) un hombre total, un hombre que refleje toda nuestra época, como esos grandes poetas que fueron la garganta de su siglo.
Los esperamos con los oídos abiertos como los brazos del amor 33.
1 Cf.: Umberto Eco, Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo, Barcelona, Editorial Lumen, 1981 (trad. R. Pochtar), pp. 23 y ss.
3 Para el concepto de ‘enciclopedia’, véase U. Eco, Ob. cit., pp. 54 y ss.
4 Cf., Umberto Eco, Obra abierta, Barcelona, Seix Barral, 1965.
5 Para el concepto de isotopía, véase, Algirdas Julien Greimas, La semántica estructural: una investigación metodológica, Madrid, Gredos, 1971.
6 Hans Arp y Vicente Huidobro, Tres inmensas novelas, Santiago, Editorial Zig Zag, 1935. Citamos por esta edición.
7 El libro contiene “Tres novelas ejemplares”, escritas en colaboración por Arp y Huidobro (Arcachón 1931) y “Dos ejemplares de novela”, escritas por Huidobro (Pollenza 1932).
8 Véase, Vicente Huidobro, “Manifiesto de manifiestos”, en Obras completas, Santiago, Ed. Andrés Bello, 1976 (prólogo de Hugo Montes). La primera edición de este trabajo, en francés, es de 1925.
9 Entre éstos: Gilles de Raiz (1932), La próxima. Historia que pasó en poco tiempo más (1934), Papá o el diario de Alicia Mir (1934), Cagliostro. Novela film (1934), En la luna. Pequeño guiñol (1934).
10 En lo nacional, el país vive la crisis de los años treinta, que incluye la caída del gobierno de Ibáñez, la fugaz República Socialista y la segunda presidencia de A. Alessandri.
11 Hans Arp y Vicente Huidobro, Tres inmensas novelas, Santiago, Ed. Zig Zag, 1935, p. 49.
12 El profesor y amigo Benjamín Rojas Piña escribió un trabajo sobre el tema –“Otro gesto vanguardista de Huidobro: sus Inmensas novelas” –leído en el Primer Seminario Nacional de Estudios Literarios (Concepción, octubre de 1981). Aunque yo también participé en el seminario, no escuché la ponencia de Benjamín Rojas, que sigue inédita; de modo que sólo conozco el resumen que en esa ocasión se entregó a los participantes. Allí, Rojas se refiere, entre otros aspectos, al “sentido de las voces ‘inmensas’ y ‘ejemplares’”.
13 Cf.: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, Editorial Gredos, 1961.
14 Miguel de Cervantes Saavedra, Obras completas (recop., estudio preliminar, prólogos y notas por A. Valbuena Prat), Madrid, Aguilar, 1956, p. 770.
16 Hans Arp y Vicente Huidobro, Ob. cit., p. 49.
17 Miguel de Cervantes Saavedra, Ob. cit., pp. 770-71.
19 Vicente Huidobro, Obras completas, ed. cit., t. II, p. 12. Sobre el tema, véase, Andrés Gallardo, “Vicente Huidobro y las novelas de poetas”, Aisthesis, 3 (1968) , pp. 95-112.
20 Hans Arp y Vicente Huidobro, Ob. cit., p. 49.
22 Cf. Henri Bergson, Ob. cit., en nota 26.
23 Ibidem. Sobre la faceta humorística de la poesía, Huidobro había adelantado algunos juicios en Vientos contrarios (Santiago, Nascimiento, 1926): “Es difícil para el vulgo creer en la seriedad artística o filosófica de los hombres que saben reír y gustan de bailar” (p. 86).
24 Fernando Alegría, “Tres inmensas novelas: la parodia como antiestuctura”, Revista Iberoamericana, 106-107 (enero-junio 1979), pp. 301-307. Alegría analiza aquí el segundo de los relatos, “El jardinero del castillo de medianoche”.
25 Cf. André Jolles, Las formas simples, Santiago, Ed. Universitaria, 1971 (trad. de R. Kempf T.; revisión y notas de C. Foresti S.); p. 234.
26 Henri Bergson, La risa. Ensayo sobre la significación de lo cómico, 4ª. Ed., Buenos Aires, Losada, 1962 (trad. A. H. Raggio); p. 32.
27 Ibidem., pp. 186 y 187.
28 Michel Butor, “La crisis de desarrollo de la ‘Science Fiction’”, Sobre literatura. Estudios y conferencias 1948-1959, Barcelona, Seix Barral, 1960 (trad. J. Petit); p. 275.
29 Para la distinción entre designación, significado y sentido, cf. Eugenio Coseriu, El hombre y su lenguaje. Estudios de teoría y metodología lingüísticas, Madrid, Gredos, 1977.
30 Para el concepto de 'clase' léxica, cf. Eugenio Coseriu, Principios de semántica estructural, Madrid, Gredos, 1977.
31 "...el poeta ha de liberarse de los límites del lenguaje y del ámbito de la lógica surgiendo así una reacción contra el desarrollo discursivo y el elemento sentimental del poema que, poco a poco, quedan sustituidos por la creación de nuevas realidades cuyo elemento fundamental es lo sorpresivo". De modo tal "que producir imágenes inusitadas, desconcertantes, que sorprenden al lector, pues relacionan cosas que se alejan del orden real para combinarse en relaciones inéditas", viene a ser rasgo fundamental de la praxis creacionista (Estrella Busto Ogden, El creacionismo de Vicente Huidobro en sus relaciones con la estética cubista, Madrid, Ed. Playor, 1983, pp. 21 y 41). Véase también, Marcel Raymond, De Baudelaire al surrealismo, México D.F., F.C.E., 1960; especialmente, pp. 241 y ss.; Elemiré Zolla, Historia de la imaginación viciosa, Caracas, Monte Avila Editores, 1968 (trad. E. Pezzoni).
32 Cf. Michel Butor, Ob. cit. y Pierre Macherey, "Julio Verne o el relato en falta", Para una teoría de la producción literaria, Caracas, Edic. de Biblioteca, Universidad Central de Venezuela, 1974 (trad. G. L. Carrera); pp. 109-250.
33 Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1972; t. III, pp. 275-276.
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