LOS
90´S FIN DE CICLO / EL RETORNO A LA CONTRADICCIÓN
El “sistema” es, cabalmente, lo efímero en
todos los
filósofos, y lo es precisamente porque brota de una
necesidad imperecedera del espíritu humano: la necesidad
de superar todas las contradicciones. Pero superadas
todas las contradicciones de una vez y para siempre,
hemos llegado a la llamada verdad absoluta, la historia
del mundo se ha terminado, y, sin embargo, tiene que
seguir existiendo, aunque ya no tenga nada que hacer, lo
que representa, como se ve, una nueva e
insoluble contradicción.(...)
Pero, al final de toda la filosofía no hay más que un
camino para producir semejante trueque del fin en el
comienzo: decir que el término de la historia es el
momento en que la humanidad cobra conciencia de esta
misma idea absoluta y proclama que esta conciencia de la
idea absoluta se logra en la filosofía hegeliana. Mas, con
ello, se erige en verdad absoluta todo el contenido
dogmático del sistema de Hegel, en contradicción con
su
método dialéctico, que destruye todo lo dogmático;
con
ello, el lado revolucionario de esta filosofía queda
asfixiado bajo el peso de su lado
conservador hipertrofiado.
F. Engels
Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica
alemana
A MODO DE INTRODUCCIÓN.
Los '90 como fin de ciclo
La oleada revolucionaria mundial abierta a finales de los '60 fue
clausurada de distintas maneras, ya sea con sangrientas dictaduras
militares como las vividas en el cono sur, o por medio de desvíos,
entregando algunas concesiones al movimiento de masas, como en los
países imperialistas. Una vez que la burguesía logró
ahuyentar el fantasma revolucionario inmediato, logró avanzar
durante los '80 por medio del reaganismo-thatcherismo, propinándole
grandes derrotas al movimiento obrero y terminando de desarticular
las Revoluciones centroamericanas. Hay que tener en cuenta, también,
el gran disciplinamiento que significó para las masas del
mundo semicolonial la derrota en Malvinas, donde el imperialismo
logró reponerse, en parte, de su fracaso en Vietnam, instalando
la idea de que estos ejércitos eran invencibles. Pero la
gran frutilla del postre de todo este período de ofensiva
del capital ha sido la restauración capitalista en los distintos
estados obreros. No podemos dejar de remarcar que tanto en la desarticulación
del ascenso como en esta ofensiva, el imperialismo ha tenido como
gran aliado al estalinismo dentro de las filas de los explotados.
Desde este panorama es que los '90 –con privatizaciones, flexibilización
laboral, desocupación masiva y una mayor sumisión
al imperialismo– se erigen como punto cumbre del avance sobre
las conquistas de los trabajadores; pero también es donde
este ciclo cruje.
Como no es nuestra intención en esta introducción
ahondar sobre el proceso sino bosquejar brevemente la génesis
de la situación actual, podríamos decir que con “la
crisis del tequila”, Chiapas en el '94, el “santiagazo”
en la Argentina y la enorme huelga de los trabajadores franceses
en el '95 en defensa del seguro social, por citar algunos ejemplos,
empieza a manifestarse el estallido de las contradicciones que el
capital, aunque seguía avanzando sobre las distintas conquistas,
iba acumulando. Estos hechos constituyeron un quiebre de esa aparente
tranquilidad mundial e iban poniéndole cierto freno a esta
ofensiva, configurando un cambio en el estado de ánimo de
las masas. Este fin de ciclo va a ir consolidándose a partir
de las grandes movilizaciones de masas que tiraron abajo a los gobiernos
“democráticos” en Ecuador, Bolivia y Argentina
entre otros, junto con los atentados a las torres gemelas, la guerra
en Afganistán e Irak, los conflictos en todo el Medio Oriente
y el resurgir de las luchas obreras y campesinas. Estos elementos
han vuelto a instalar en el conjunto de las masas mundiales, por
lo menos el hecho de que el sistema capitalista, lejos de ir resolviendo
paulatinamente los grandes problemas de la humanidad los ha intensificado,
y por ende vuelve a instalarse la pregunta: ¿cómo
y quién resuelve todas estas contradicciones?, esta barbarie
que hay a nuestro alrededor que adopta la forma de explotación,
desocupación, guerras, segregación, pobreza, hambre,
enfermedades, catástrofes ambientales, etc.
El retorno a la contradicción
Como vemos en la cita de Engels que antecede a esta introducción,
el marxismo se encargó ya en el siglo XIX de desenmascarar
el intento ideológico de la burguesía de hacernos
creer que con ella se ponía fin a las contradicciones de
la humanidad. Con este postulado ideológico la burguesía
encaró, en este plano, su pelea para dominar el mundo a expensas
de las demás clases explotadas. Encajando, con la idea hegeliana
de “verdad absoluta”, un método asistémico
como la dialéctica dentro de una filosofía sistémica,
quitándole así todo su filo revolucionario. Si Dios
cerraba el sistema en la Edad Media será la burguesía
quien lo cierre ahora, finalizando con todas las contradicciones;
y sin contradicción “no hay afuera del sistema”,
ni necesidad de transformación, de revolución. Pero
la lucha de clases, con revoluciones por doquier, formación
de estados obreros, guerras mundiales, etc., y la existencia del
marxismo revolucionario, no le permitieron, a lo largo de gran parte
del siglo XX, estabilizar esta ideología en la cabeza de
la humanidad, dejando en crisis la proposición hegeliana
del fin de las contradicciones y mostrando la necesidad no sólo
de interpretar la realidad sino la posibilidad real de transformarla.
Pero las derrotas y desvíos del ascenso revolucionario iniciado
en el '68; el rol jugado por el estalinismo durante décadas,
desfigurando la dialéctica y el materialismo histórico,
y la falta de un posicionamiento teórico político
que retomara las lecciones del marxismo revolucionario, facilitaron
que pudiera instalarse la lógica del “pensamiento único”
y el “fin de la historia” de Fukuyama, retomando la
vieja idea de “verdad absoluta” hegeliana. Veamos en
palabras de Fukuyama, la forma concreta que adopta esta idea: “Lo
que podrí-amos estar presenciando no sólo es el fin
de la guerra fría, o la culminación de un período
específico de la historia de la posguerra, sino el fin de
la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución
ideológica de la humanidad y la universalización de
la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno
humano.”1
No hace falta argumentar mucho para mostrar la falacia que las democracias
liberales se transformarían en la forma final de
gobierno humano. Luego de un breve período de cierta
estabilidad, los acontecimientos mundiales han demostrado, por lo
menos, su aguda crisis.
Pero la intención de la burguesía no sólo ha
sido borrar la idea de revolución de la cabeza de la gente
sino que, sacando conclusiones de la peligrosidad de su “sepulturero”,
ha intentado ir más allá, preconizando el fin de la
clase obrera, quien a lo largo del siglo XX le trajera innumerables
problemas, disputándole como clase el rol de conductor de
los destinos de la humanidad.
Pero caeríamos en un error si creyéramos que este
pensamiento ha sido impulsado sólo por la “derecha
neoliberal” ya que también “la izquierda progresista”
en sus distintas versiones ha suscripto a esta idea. Veamos a modo
de ilustración, qué seguían proclamando los
posmodernistas devenidos en culturalistas impactados por el alzamiento
de Chiapas. Josefina Ludmer decía: “(...)Ahora
las fronteras de las naciones metropolitanas se cruzan y caen las
viejas metáforas de los 'espacios alternativos' (geográficos
o personales), fuera de la sociedad o del capitalismo. Caen los
'60, como dice Schwartz. No hay huida porque el flujo global no
tiene afuera, sólo tiene intersticios ocupados por mujeres,
gays, indígenas, marginales.(...)”2
Dos oraciones le bastaron a Ludmer para, por un lado clausurar la
posibilidad de transformación revolucionaria de la sociedad,
trocándola, a lo sumo, por reformas contenidas en el “sistema”;
y por el otro hacer desaparecer de la escena a la clase obrera,
reemplazándola por otros sujetos, motorizados por la opresión,
desplazando la dicotomía central explotadores-explotados
por la de opresores-oprimidos y su consiguiente atomización
del proletariado como sujeto de cambio.
Por qué este libro
Desde este panorama descrito es que vemos el valor de lanzar este
libro. Creemos que Los
'90: Fin de ciclo/El retorno a la contradicción
se apoya en tres elementos como punto de partida para disparar,
de cara a los lectores y de forma polémica, un sinnúmero
de apreciaciones e interrogantes.
Opinamos que las marcas y transformaciones que dejó esta
época de retroceso del movimiento obrero y de masas, fueron
lo suficientemente profundas en lo material y en lo ideológico
como para tomarse el trabajo de analizarlas. Que los hechos antes
mencionados y el resurgir de la lucha de clases, han puesto nuevamente
a la “contradicción” en el centro de la escena.
Y que las voces que dialogan en este libro, desde lugares y proyectos
distintos, se han opuesto, durante este período, a aceptar
lo que los rodeaba como natural e inmutable.
Tomando en cuenta estos considerandos es que podemos encontrar una
unidad a este libro integrado por artículos muy dispares
con respecto a sus posicionamientos y temáticas.
No vemos en esto una debilidad sino, por el contrario, una fortaleza.
La intencionalidad está puesta en recomponer pensamiento
crítico. No pensamos en esta introducción discutir
cada uno de los artículos, ya que esto implicaría
varios libros y he aquí nuestro objetivo; que las polémicas
que surgen en este libro no se cierran en él, ni se agotan,
sino que superan la instancia del libro mismo e increpan a cada
lector a contestar, a acordar, a disentir o a producir. Esto, a
nuestro modo de ver, aporta a la formación del pensamiento
crítico, para restaurar la polémica y por ende estimular
la producción.
¿Por qué optamos por distintas temáticas? Por
un lado para tratar de dar cuenta de cómo lo político
y la formación de ideología afectan a una innumerable
cantidad de ámbitos, ya que lo ganado en el campo de batalla
de la lucha de clases por la burguesía tiene que ir acompañado
de una ideología que refuerce la “recaída en
la inmediatez” de las clases subalternas, volviendo natural
e inmutable lo que las rodea, y borrar de este modo, la génesis
o el movimiento de transformación que operó para el
cambio de la situación. Como lo hemos señalado antes,
para la consolidación de esta “recaída”
no basta con operar sólo en el plano de las ideas sino que
también es necesario la materialidad de los hechos, donde
no queda excluida la violencia, como hemos padecido en nuestro continente,
donde toda una vanguardia que había recogido una gran experiencia
de lucha, fue masacrada.
¿Con qué se va a encontrar el lector?
El lector va a encontrar que este libro tratará de ser un
aporte a las transformaciones ocurridas en las últimas décadas.
Marcela Croce
encarará un recorrido crítico del panorama cultural,
contrastando el “boom latinoamericano”, influenciado
por la Revolución cubana, con las décadas posteriores.
Con respecto a esto dirá: “Buenos Aires, que en
los '40 era la plaza editorial latinoamericana más fuerte
y que en los '60 abundaba en producción de volúmenes
y creación de públicos, en los '90 será la
sede de las multinacionales del libro que comienzan a engullir a
las empresas autóctonas: Sudamericana será adquirida
por la fusión de Random House-Mondadori y absorbida por la
discográfica BMG, El Ateneo integrará la digestión
del grupo Yenny, y el Centro Editor desaparecerá por completo
en 1994 después de una agonía compuesta de liquidación
de saldos y recorte drástico de novedades.”
Andrea D'Atri
abrirá la discusión sobre la estrategia de los movimientos
feministas y la naturalización de las distintas formas de
cooptación de éstos. En los '90 por medio de la oenegización,
y en los nuevos gobiernos latinoamericanos incorporando figuras
de este movimiento a instituciones del régimen: “(…)la
cooptación que antes denostaba a las 'traidoras' que se incorporaban
a un régimen cuestionable y cuestionado, hoy se muestra favorablemente
como la participación en procesos de cambio, como razonabilidad,
como lógica de lo posible. Y la marginalidad, que en épocas
de neoliberalismo se teñía de heroicidad en la resistencia
a ser 'integrada', hoy se quiere mostrar y explicar como sectarismo,
irreductibilidad irracional y lógica de la abstención
impoluta.”
Claudio Katz
nos dará su visión acerca de los nuevos gobiernos
y regímenes latinoamericanos post crisis de la ofensiva neoliberal,
partiendo de esta caracterización: “Tres tipos
de gobiernos predominan actualmente en América Latina: los
conservadores, los centroizquierdistas y los nacionalistas radicales.
Los presidentes más representativos de estas variantes son
Uribe en Colombia, Lula en Brasil (o Kirchner en Argentina) y Chávez
en Venezuela. (…) Indagar estas diferencias es vital para
abordar un segundo problema: los regímenes latinoamericanos.
Todos los gobiernos actúan en el marco de estados semejantes,
pero alternan en el uso de mecanismos formales e informales de sostén
político. Estas modalidades determinan la preeminencia de
dos grandes variantes de régimen, que actualmente se analizan
contraponiendo la república con el populismo.”
Pablo Pozzi
describirá, desde su punto de vista, las transformaciones
de la clase obrera argentina y su resistencia desde la dictadura
hasta la actualidad, marcando tres períodos bien definidos:
“El primero, entre 1976 y 1991, que constituyó
uno de resistencia a los cambios propugnados por la clase dominante
en el mundo laboral. El segundo, de 1991 a 1999, bajo el gobierno
del presidente peronista Carlos Menem, constituyó el período
de derrota de los trabajadores argentinos.(…)Por último,
a partir de 1999 con el surgimiento de nuevas formas de lucha y
organización como los movimientos piqueteros, las fábricas
autogestionarias y el aumento de la conflictividad, podemos percibir
el comienzo de un tercer período cuyas características,
tendencias y posibles consecuencias son aún difíciles
de definir.”
Christian Castillo
por un lado nos repondrá la lucha de los trabajadores argentinos
desde el “santiagazo” hasta hoy para mostrar cómo
la crisis del 2001 no surgió de la nada e incluirá
una descripción minuciosa de los hechos del 19 y 20 de diciembre;
y por el otro, reconfirmará a la clase obrera ocupada como
factor clave de la lucha de clases y la necesidad de conquistar
su independencia política y elevarse al plano político.
“Las 'jornadas revolucionarias' del 19 y 20, y en hechos
ocurridos durante los días previos, se expresaron concentradas
muchas de las experiencias protagonizadas en los años anteriores.
Como dijimos en aquel momento, estas acciones 'no cayeron del cielo'.(…)
Frente a la decadencia histórica del peronismo está
planteado que estos sectores puedan elevar la lucha al terreno político,
para que la clase productora y más numerosa de la sociedad
cuente con una herramienta capaz de torcer la balanza de fuerzas
contra sus verdugos. Alentar esta perspectiva es el principal desafío
de quienes nos reclamamos de la izquierda clasista y socialista.”
Vicente Zito Lema,
desde categorías de la psicología social, armará
una filosofía de la pobreza, tocando este tema ineludible,
producto de la hiperdesocupación sufrida. Su artículo
arranca diciéndonos que: “Tenemos en el filo de
nuestros ojos a una década que enterró un siglo de
modernidad, habilitando todas las paradojas culturales, y que desnudó
con crueldad y obscenidad parejas, como pocas veces se dio en la
historia del país, el cuerpo vivo, lacerado pero vivo, de
la pobreza.
No fue obra de dioses alocados, o esquivos para las gracias, ni
de catástrofes de la naturaleza; resultó ser el producto
conciente de un Verdugo Político, cumpliendo un mandato expreso
del Poder, legalizado institucionalmente, amparado y promovido bajo
las togas de la impunidad.”
El libro se cierra con un artículo de Pablo
Bonavena y Flabián
Nievas donde remarcarán
la vinculación de las contiendas bélicas a las situaciones
revolucionarias y desde aquí analizarán los importantes
cambios operados en la forma que adquiere la guerra a partir de
los '90. Como corolario de su artículo, los autores lanzan
esta interrogación provocadora: “La pregunta que
surge evidente es ¿qué hace que el ejército
más poderoso de la Tierra sucumba sistemáticamente
ante fuerzas ostensiblemente inferiores desde el punto de vista
militar? La respuesta no está en la tecnología, sino
en la desadecuación entre ésta y las necesidades militares
actuales. Su enorme arsenal se demuestra impotente para enfrentar
enemigos 'difusos' en el marco de guerras, también, 'difusas'.”
Es desde estos artículos que conforman este libro que, si
bien no agotan la multiplicidad de problemáticas, esperamos
sirvan como disparador, para que los autores y lectores se lean,
se contesten y en una palabra, entren en polémica. Polémica
necesaria que tiene que ser el punto de inicio para recomponer pensamiento
crítico, blanco ideológico predilecto de los '90.
José Henrique
1 Fukuyama, Francis, “El fin de la historia?” en www.cepchile.cl/dms/archivo_1052_1200/rev37_fukuyama.pdf.
Este artículo, que fue publicado originalmente en la revista
The National Interest (verano 1988), está basado en una conferencia
que el autor dictara en el John M. Olin Center for Inquiry into
the Theory and Practice of Democracy de la Universidad de Chicago,
EE. UU.
2 Ludmer Josefina, “El coloquio de Yale: máquinas de
leer fin de siglo” en Las culturas de fin de
siglo en América Latina. Beatriz Viterbo Editora, Buenos
Aires, 1994, pág. 10.
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