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“Recordad:
El pie del verdugo está en el umbral”.
Una lectura crítica de la Revolución
es un sueño eterno y El verdugo en el umbral
de Andrés Rivera, en Revista Nacional Universitaria En
Clave ROJA, Nº 9-10, 2º semestre de 1995.
Por José Henrique
UNA NUEVA AFILIACION
¿Cuál es la línea afiliativa que atraviesa la
obra de Rivera, y con la cual se dispone releer toda la tradición
política y literaria, para poder leer la realidad actual?
Responder esta pregunta me parece que es la clave para poder ingresar
a la obra de Rivera, es la "cola" que nos permitirá
armar ese rompecabezas de fichas desparramadas. Es lo que hará
audible esa polifonía de voces que se entrelazan en estas dos
novelas de Rivera.
En La revolución es un sueño eterno1,
hay un elemento que obliga al lector a revisar su lectura sobre la
novela, hay una llamada de atención provocativa hacia
el lector, Rivera le marca que no es una novela más sobre la
Revolución de la independencia, que no es un tema escogido
al azar como cualquier otro, sino que le advierte que está
releyendo la tradición política y literaria y desde
qué línea de afiliación intenta hacerlo. En la
última parte de la novela, la que denomina como Apéndice,
es donde desarrolla este diálogo provocativo con el lector
de su novela. Hay dos voces, la primera, con la que comienza el apéndice
y que está puesta en boca de su primer lector oficial, ya que
la hace figurar como "Nota de la Editorial", y la segunda,
la "introducción" al apéndice propiamente
dicho. Esta supuesta "N. de la E.", tiene dos partes, una
que justifica su inclusión para dar cuenta de "las
biografías de algunos amigos del doctor Juan José Castelli";
y la otra en la cual se reserva el derecho a objetar la introducción,
que el autor incluye, para preceder estas biografías, "Dichas
biografías están precedidas, por una introducción,
a todas luces extemporáneas. Oportunamente, daremos a conocer
las objeciones que nos merecen unas y otra, cuya inclusión
aceptamos, sin embargo, guiados por los presupuestos que rigen nuestro
quehacer en el mundo de la cultura.2"
. En la segunda voz es donde se manifiesta desde dónde está
intentando hacer esta relectura, "Kote Tsintsadze, antiguo
bolchevique, preso en los campos de concentración de José
Stalin, envía, a León Davidovich Trotsky, en el papel
que utilizaban los detenidos para armar cigarrillos, la siguiente
misiva: 'Muchos, muchísimos de nuestros amigos y de la gente
cercana a nosotros, tendrán que terminar sus vidas en la cárcel
o la deportación. Con todo, en última instancia, esto
será un enriquecimiento de la historia revolucionaria: una
nueva generación aprenderá la lección.3'"
.
Quiero volver ahora a El verdugo en el umbral4.
Rivera, en esta novela, define claramente cuál es esa línea
afiliativa. Su portavoz, a lo largo de toda la obra, será Físhale.
En la escuela primero, "(...)El muchacho, a pedido
de la maestra, tuvo que nombrar a diez benefactores de la humanidad.
Citó a nueve: Espartaco, Babeuf, Carlos Marx, Federico Engels,
Paul Lafargue, Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburgo,
Karl Liebknecht. La maestra se desmoronó sobre una silla, privada
del uso de la palabra, mientras Físhale repetía furiosamente
los nueve nombres en la esperanza, pobre ángel, de acordarse
del décimo.(...)"5
, ante el reformatorio después, "(...)Trajeron un guardapolvo
gris, zuecos de madera, pelo rapado, ojeras, una cara azulada.
“No lloré. No grité, dijo Físhale,
sin mirar a nadie. Pertenezco a la Oposición de Izquierda.(...)"6
. Lo importante de esta línea afiliativa no es que establece
una línea marxista en general desde dónde leer, sino
la recuperación y reconstrucción del hilo de continuidad
histórico del marxismo revolucionario y combativo, frente al
estalinismo, la socialdemocracia y todo el "marxismo académico".
Uno podría parafrasear el título de uno de los libros
de Perry Anderson y decir que hay un intento conciente de estar Tras
las huellas del materialismo histórico. Anderson dice en este
libro, refiriéndose al "marxismo académico",
"(...)No fue tanto un repudio o un abandono abierto del marxismo
como una disolución o disminución de éste, impregnada
de un escepticismo creciente frente a la idea misma de una ruptura
revolucionaria con el capitalismo.(...)"7.
El personaje de Físhale está atravesado por la recuperación
de la línea revolucionaria y combativa, y no es un detalle
menor, que esta tarea esté puesta sobre el personaje más
joven de la novela, porque como decía Trotsky en el Programa
de transición "sólo el fresco entusiasmo y el espíritu
de ofensiva de la juventud pueden devolver los mejores elementos de
la generación más vieja al camino de la revolución.
Así ha sido, y así seguirá siendo.".
Nótese que Físhale es el único personaje que
no sale derrotado ni cae en el escepticismo, como sí Reedson
y Peter, los dos revisando la línea del partido. Físhale
"no llora ni grita, porque pertenece a la Oposición de
Izquierda".
Es interesante destacar la relectura que hace Rivera del rol jugado
por el Partido Comunista, que de alguna forma (dada su ligazón
personal con éste) es una relectura de una pasada afiliación.
Pero más interesante todavía es que las conclusiones
que reflejan su última novela no van en dirección a
un recordatorio escéptico-melancólico acerca de la revolución
proletaria perdida, vista desde estos "nuevos tiempos",
después de la caída del estalinismo, sino que se trasluce
un intento de recuperación del hilo de continuidad de la tradición
marxista revolucionaria, donde inevitablemente tiene que recuperar
al trotskismo, esta nueva afiliación o intento de (re)apropiación
lo lleva inevitablemente a otra visión de la realidad que difiere
con la de toda la camada de intelectuales "progresistas".
EL PROBLEMA DEL SUJETO
Dije, al principio del artículo, que esta novela lo lleva a
Rivera a enfrentarse al análisis de la realidad planteado por
los "Estudios Culturales". Josefina Ludmer dice: "(...)Ahora
las fronteras de las naciones metropolitanas se cruzan y caen las
viejas metáforas de los 'espacios alternativos' (geográficos
o personales), fuera de la sociedad o del capitalismo. Caen los '60,
como dice Schwartz. No hay huida porque el flujo global no tiene afuera,
sólo tiene intersticios ocupados por mujeres, gays, indígenas,
marginales. (...)*".
Hay dos ejes centrales en esta definición. Según Ludmer
cae, por un lado, la idea de un territorio que esté fuera del
capitalismo, cae la "Revolución Socialista" como
espacio otro y superador. Por otro lado, el concepto de lucha de clases
(intereses de una contra los de otra) es desplazado del centro de
la escena. Cae, por lo tanto, el proletariado como sujeto revolucionario
capaz de imponer su dictadura como clase. Sólo aparecen "intersticios"
en las entrañas de este capitalismo desde dónde se manifiesta
una contracultura, dando origen a una especie de "fuerza social"
contestataria, que se expresa a partir de las distintas problemáticas
de los diversos sectores, aglutinados por un denominador común:
"excluidos". Ya no es una lucha a muerte entre explotadores
y explotados, sino la lucha de los excluidos por ampliar, dentro de
este sistema, la "base social participativa", lo que muchos
de estos estudiosos llaman un capitalismo humanizado donde pueda lograrse
la "subvención al disenso".
Estas dos novelas de Rivera, no podrían entrar nunca en el
corpus de textos que la compilación toma para justificar sus
posiciones, esta compilación hecha por Ludmer no podría
explicar la existencia de ninguna de estas dos novelas, estos lectores
(previstos por Rivera, como ya lo mostramos anteriormente), tendrían
que decir: "Esta novela es a todas luces extemporánea".
Voy, ahora, a la contestación de Rivera. Castelli reflexiona
"(...)Mi pulso no tiembla. No tiembla mi corazón.
Eso es bueno. Eso está bien , doctor Juan José Castelli.
Pero no olvide que su tiempo se termina, y que debe ordenar sus papeles.
Escriba que no le importa eso -saber cuándo llegará
el fin del camino-, con una mano que no tiembla. Escriba que el actor
no miente en el escenario, y que su pulso no tiembla. Y en el escenario,
cuya luz se extingue, el actor escribe: la revolución es un
sueño eterno.(...)"8.
"(...)En esas desveladas noches de las que te hablo, pienso,
también, en el indescifrable y perpetuo aprendizaje de los
revolucionarios: perder, resistir. Perder, resistir. Y resistir. Y
no confundir lo real con la verdad.(...)"9.
Rivera en estas dos citas contesta a Ludmer el por qué no puede
nunca erradicarse la idea de "Revolución", porque
pone en boca de Castelli (algo que comparte cualquier revolucionario
en cualquier momento histórico) la distinción de dos
series temporales, el "tiempo vital" (coyuntural) y el "tiempo
histórico", ligado a las necesidades reales de la humanidad.
Por eso no "confundir lo real", su propia muerte, lo que
tiene delante de la "mirada vital", con "la verdad",
lo que le dicta su "mirada histórica". Esta es la
primer parte de la respuesta. Ahora bien, La revolución
es un sueño eterno termina con una predicción a
develar, pero que ya está contestada por las necesidades de
la historia, "(...)Entre tantas preguntas sin responder,
una será respondida: ¿qué revolución compensará
las penas de los hombres? (...)"10.
Porque si bien la Revolución burguesa triunfó (más
allá de la muerte de Castelli), superando al monarquismo, liberando
a la humanidad de ese gran cinturón negro que era la edad media,
desarrollando las fuerzas productivas, no pudo solucionar "las
penalidades de los hombres". Y Rivera responde, en su próximo
libro, en boca de Engels, a esta pregunta: "(...)'¡Luchad,
valientemente, entonces, caballeros del capital! Necesitamos vuestra
ayuda, aún hay ocasiones en que necesitamos vuestro gobierno.
Vosotros debéis borrar de nuestro camino las reliquias de la
Edad Media, de la monarquía absoluta. Debéis abolir
el patriarcalismo, debéis centralizar, transformar todas las
clases más o menos desamparadas en proletarios verdaderos,
reclutas para nosotros. Vuestras fábricas y conexiones comerciales
deben echar las bases para la liberación del proletariado.
Vuestra recompensa será un breve tiempo de poder. Dictaréis
leyes, os calentaréis al sol de vuestra propia majestad, os
banquetearéis en los salones reales y desposaréis a
la hija del rey, pero recordad: ¡el pie del verdugo está
en el umbral!'(...)"11.
Desde el título mismo contesta el problema del sujeto, la llama
El verdugo en el umbral o su sinónimo El proletariado.
Antes de ingresar a la parte más formal de la novela, quería
marcar un detalle más, que apunta a responder la concepción
de la posibilidad de "conciliación de intereses de clase".
Hay una cita de Maquiavello que es repetida textualmente, en ambas
novelas. Moreno a Castelli jurando en el Cabildo frente al alzamiento
de Liniers, y por una voz indefinida en el diálogo entre Fioravanti
y Reedson después de entrevistarse con Alvear, ya que "el
partido" tenía la política de frente popular. "(...)que
me dice, con esa como exhausta suavidad que destilaba su lengua e
impregnaba lo que su lengua no repetiría, vaya y acabe con
Liniers. Escuche, Castelli, a Maquiavello: Quien quiera fundar una
República en un país donde existen muchos nobles, sólo
podrá hacerlo después de exterminarlos a todos.(...)"12.
"(...)Quien quiera fundar una República donde existen
muchos nobles, sólo podrá hacerlo después de
haberlos exterminado a todos, dijo Maquiavello.
“En el partido no lo leen, se quejó Fioravanti.
“Por lo menos, habría que afiliar a ese Maquiavello,
sugerí yo, que era capaz, todavía, de celebrar la concisión
y exactitud de ciertas proposiciones.(...)"13.
Más allá de esa polifonía de voces que es El
verdugo en el umbral, se asienta sobre dos series narrativas muy bien
definidas. Una, agrupada en los capítulos nominados como TESTAMENTOS,
y cuya voz narrativa está puesta sobre la mujer de Reedson
que le cuenta a su hijo; la otra, bajo los capítulos nombrados
CORRESPONDENCIAS, en boca de un narrador en primera, que intenta hacer
una "biografía apócrifa". TESTAMENTOS
y CORRESPONDENCIAS son las voces que (re)construyen la historia de
la novela, no hay un narrador en tercera ordenador e individual, que
concentra y luego divulga. Es a partir de una experiencia acumulada,
por millones de batallas, en pos de la superación revolucionaria
del mundo, que surge una voz que está puesta, no en un sujeto
individual, sino en uno social que va nutriéndose y formándose
de esa experiencia revolucionaria, que va asimilando, conservando
y dejando huella a lo largo de la historia. Se manifiesta desde el
testamento que es el género que representa algo que se acumula
y que es traspasado. Y no es el testamento de una persona individual,
en este caso la mujer de Reedson, porque es importante notar la pluralización
con que están encabezadas cada una de estas partes, no es un
testamento sino testamentos, puestos en la mujer de Reedson simplemente
como correa de transmisión, no de su propia vida, sino de una
tradición. Y no sólo que no es cualquiera la tradición
desde donde habla, sino, la necesidad de trasmitirla para ser retomada,
"(...)Como en los velorios, dije.
“Sí, dijo Reedson. Y como en los bautizos.
“Papá se puso los zapatos, y salió, y tardará
en volver. Y yo, cuando vos llegues, te voy a contar todo. Desde el
principio. No tengo apuro. Y acaso me escuches, sentado ahí,
como cuando eras muchacho."14,
definiendo cuáles son los métodos de esa tradición
y cuál es el sujeto encargado de la revolución que hoy
necesita el desarrollo de la humanidad, El verdugo en el umbral.
Nótese que los capítulos enrolados en las CORRESPONDENCIAS,
expresan un diálogo entre el sujeto individual (autor, intelectual)
con ese sujeto social, impactado por lo que produce en los hechos,
son cartas sin destinatario individual, conversando con las experiencias
y las conclusiones sacadas de ellas, es el relato que ese autor graba
y reproduce, sobre una asamblea donde se hace una experiencia con
la burocracia sindical, y sus reflexiones sobre su rol como intelectual
(esto lo retomaremos más adelante).
Quisiera terminar esta parte del artículo con una cita de Trotsky
de Su moral y la nuestra, en un artículo muy particular ya
que termina de escribirlo golpeado por la noticia del asesinato de
su hijo León Sedov en manos del estalinismo en Francia. Nótese
esta idea de la distinción entre el tiempo individual/vital
y el histórico/social: "(...)Prácticamente
, hemos recorrido dos de esos grandes ciclos históricos: 1897-1905,
años de ascenso; 1907-1913, años de reflujo; 1917-1923,
años de ascenso, sin precedente en la historia; después,
un nuevo período de reacción, que todavía hoy
no ha terminado. De esos grandes acontecimientos, los 'trotskystas'
han aprendido el ritmo de la historia; en otros términos, la
dialéctica de la lucha de clases. Han aprendido -y parece,
hasta cierto grado, que han, acertado a subordinar a ese ritmo objetivo
sus planes y sus programas subjetivos. Han aprendido a no desesperar
porque las leyes de la historia no dependen de nuestros gustos individuales
o no se someten a nuestros criterios morales. Han aprendido a subordinar
sus gustos individuales a las leyes de la historia. Han aprendido
a no temer ni a los enemigos más poderosos, si su poder se
halla en contradicción con las necesidades del desenvolvimiento
histórico. Saben nadar contra la corriente, con la honda convicción
de que el nuevo flujo histórico de poderoso impulso los llevará
hasta la orilla. No todos arribarán: muchos se ahogarán.
Pero tomar parte en ese movimiento con los ojos abiertos y con la
voluntad tensa -¡sólo eso puede dispensar la satisfacción
moral suprema dable a un ser pensante!(...)"15.
LA RUPTURA CON LA TRADICION
LITERARIA
Mi intención es tratar de delinear una lectura sobre estas
dos novelas de Rivera, queda pendiente un examen más riguroso
y profundo.
Rivera, como ya mencionamos, hace una relectura de toda la tradición
literaria y política. Inevitablemente relee a Borges.
No voy a detenerme en todas las intertextualidades que recorren el
texto, tomaré sólo dos marcas.
Primera marca:
"(...)Nos apretamos unos a los otros y dejamos de ser judíos
y cristianos o rusos o húngaros o locos o enfermos, y a algunos
les brillaban los dientes y a otros se le escurrieron las mejillas,
y era como si fuese a descorrerse un telón, y la vida develara
sus misterio, y nosotros éramos la vida, y veríamos,
en el escenario, lo que fuimos, lo que seríamos, las cartas
a escribir, los sueños y las pesadillas que pare la utopía,
el cáncer que roerá la sangre de tu hijo, las parodias
populistas de Osvaldo Lamborghini, la pluma de un bibliotecario de
Pekín que traza un ideograma memorable, la reverberación
del sol de Coyoacán un día de agosto, el tedio de los
domingos norteamericanos, las madrugadas de Erdosain, las oscuras
inmensas campanas del Kremlin y su tañido letal una mañana
de marzo, y tantas y tantas otras cosas que en el aleph no se ven
ni se dicen.(...)"16.
Rivera rescata la típica enumeración borgeana del aleph,
la reproduce pero para negarla, o mejor dicho, para construir otro
desde donde globalizar y focalizar el universo. Hay una inversión
clave en este nuevo aleph. La fórmula del cuento de Borges,
donde es él (sujeto individual y a la vez nominado: "¡Qué
observatorio formidable, che Borges!"17)
viendo a todo y a todos (cuya marca está dada por la reiteración
del verbo ver en primera), es invertida y el puesto de observador
pasa a la primera persona del plural (veríamos), perdiendo
Borges su puesto y su nominalidad, para pasar al otro lado, a ser
el observado (ya no es Borges sino "la pluma de un bibliotecario
de Pekín que traza un ideograma memorable" como un
elemento más dentro de este nuevo aleph). Este nuevo observador
(sujeto colectivo) modifica su lente refocalizando el universo, entrando
en él cosas y personas que el viejo aleph no mostraba.
Segunda marca:
"(...)Juguemos al Martín Fierro, dijo Reedson, suavemente,
en la penumbra de la celda.
“Peter eligió: Yo soy el gaucho malo.
“Y yo el negro, se propuso Reedson, hijo, al fin, de un exasperado
interlocutor de Dios.
“En el cuchillo lo alcé, anunció Peter en el cuadro
de presos políticos de Devoto.
“Mataste al negro, dlijo Reedson, sin asombro y casi sin pena.
“A todos los negros, proclamó Peter. Y ni siquiera en
pedo.
“Y el entrerriano se irguió entre los destartalados camastros,
una sombra rencorosa en la noche del pabellón. Y avanzó,
el brazo derecho extendido, la mano aplanada como una daga, en un
círculo de cigarrillos encendidos, máquina asesina que
desfila ante un coro de máscaras desdeñosas, y que recita
sobre las muertes injustas que algunos hombres cometen.
“Te voltié, gritó la sombra asesina.
“Lo voltió, fue el anuncio fúnebre del coro. Decilo
con viola: y nunca se supo si el coro se burlaba.
“Nunca me puedo olvidar / de la agonía de aquel negro.
“Me volteó, dijo Reedson. Y quiso llorar.(...)"18.
Borges, en su cuento "El fin", retoma el encuentro entre
el negro y Fierro de la Vuelta del Martín Fierro de Hernández,
alterando el desenlace de este encuentro. En el cuento de Borges,
el negro, después de ser vencido en la payada, mata a Fierro
en venganza de la muerte de su hermano, a diferencia del Martín
Fierro, donde después de la payada, se evita el enfrentamiento.
Con esto Borges invierte la tradición literaria, innaugurando
una nueva*.
Es de ver como Rivera, si bien el intertexto que incorpora (en bastardilla)
es de la escena de la pelea de Fierro con el negro de la Ida del libro
de Hernández, la presentación del negro lo convierte
en el otro, el del "fin", ("Y yo, el negro, (...)hijo,
al fin, de un exasperado interlocutor de Dios"). Es ese
negro "hijo" del "interlocutor de Dios" (Borges).
Pero ¿por qué "exasperado"?
Yo diría que no tanto porque Rivera mate a su "hijo"
en esta página, sino por la apropiación de su "hijo"
para resignificarlo. La figura del negro, adquiere otra connotación
inserta en el capítulo. Antes de esta cita, Peter revisa su
actuación llevando adelante la línea del P.C. en la
huelga de los frigoríficos, "(...)Pero yo apliqué
la línea del Partido. Les dije que volvieran al trabajo, que
las democracias necesitaban de la carne argentina para su esfuerzo
de guerra. Ellos leyeron otra cosa en mi boca: libras para los patrones
del Anglo, del Swift.(...)"19.
"Ellos", son los "negros".
Esta nueva cámara focaliza, rompiendo con la voz narrativa
de mirada individual, con una mirada histórica.
Este robo es utiliizado para romper con una afiliación política
ligada al stalinismo. Este diálogo entre Peter y Reedson en
la cárcel sucede el 1 de enero del '45, Peter anuncia que "En
el cuchillo lo alcé", pero anteriormente saca las
conclusiones de la traición del Partido, Reedson le afirma
que "mató al negro", pero "sin
asombro y casi sin pena". Pero hay una vuelta,
este capítulo comienza en el 1 de setiembre del '45, donde
el Partido junta en el Luna Park, a burgueses y obreros siguiendo
su política de defensa de las democracias frente al fascismo,
y "Peter compartía la tribuna con el estanciero".
"A todos los negros, proclamó Peter. Y ni siquiera
en pedo.
Y el entrerriano se irguió entre los destartalados camastros,
una sombra rencorosa en la noche del pabellón.(...)
Te voltié, grito la sombra asesina.".
Esta vez fue a todos; el Partido no saca conclusiones, "Me volteó,
dijo Reedson. Y quiso llorar.".
EL ROL DEL INTELECTUAL
El cuestionamiento acerca del rol del intelectual es una de las problemáticas
que cruzan la obra de Rivera. Castelli no deja de preguntarse en toda
la novela, ni un sólo instante, ¿quién es? ¿el
orador de la Revolución, el que escribe sentado el cuaderno
de tapas rojas, viendo desde lejos el escenario? o ¿el de la
capa azul que huele a bosta y sangre, con un papel enganchado que
dice "SOY CASTELLI", el que va al encuentro de Liniers,
el que da la orden de fusilar a "los alzados contra la Revolución"?
¿Cuál es el rol, de él, de Castelli, un intelectual,
frente a las necesidades del desenvolvimiento histórico?
Castelli se pregunta:
"(...)Yo, ¿quién soy?
“Yo, que me pregunto quién soy, miro mi mano, esta mano,
y la pluma que sostiene esta mano, en las hojas de un cuaderno de
tapas rojas.(...)
“¿Qué soy? ¿Un actor que levanta los ojos
de un cuaderno de tapas rojas, y mira la transparente penumbra de
una habitación sin ventanas, de techo alto, y que sugiere,
desde ese escenario, al público que lo contempla, que el invierno
llegó a la ciudad? (A la izquierda del escenario, un catre
de soldado. A los pies del catre de soldado -para que yo no olvide,
sea yo quién sea-, una manta color humo, limpia doblada con
prolijidad. En la cabecera del catre de soldado, enrollada, una capa
azul, que huele a bosta y a sangre.(...)"20.
Hay en La revolución es un sueño eterno un
elemento que me llamó mucho la atención, con respecto
a este tema, que es la mención, en más de una oportunidad,
del Quijote. Quiero marcar dos puntos sobre esto. Por un
lado la fascinación que le despierta esta obra a Castelli,
que por otro lado es una de las pocas cosas que posee. En el capítulo
XVIII, "cuando la capa de Castelli aún no olía
a bosta y sangre", en medio de la invasión inglesa,
antes de la Revolución, Castelli discute con Alzaga. Alzaga
lo previene sentenciosamente, "(...)la traducción
castellana de Alzaga es abisal, árbol de tronco limpio, madera
muy dura(...) Créame: cuando un palo duro cae sobre el lomo
de la gente, la gente come mierda y besa la mano que maneja el palo.
El maligno existe y sopla vientos de peste. Los sopla en París,
en España, en Europa. Y los sopla aquí, en estas tierras,
para probar el temple de los soldados de Dios. Avise a sus amigos
que el vino de los soldados de Dios es de buena cepa. Que no lo rechacen.
“Que se lo tomen. Que se lo tomen y llegarán a viejos.(...)"21.
Esta prevención está prologada por una discusión
literaria, que introduce Alzaga, "(...) Leyó, doctor
Castelli, El Cantar del Mío Cid?(...) Lea doctor Castelli,
El Cantar del Mío Cid: Los españoles son buenos
vasallos cuando tienen un buen señor. Y lo tendrán,
doctor Castelli. Un señor de la vida y de la muerte. Avísele
a sus amigos.(...)"22.
Castelli, "que aún su capa no olía a bosta
y sangre", le responde desde el intelectual, "(...)Leo
un libro interminable: El Quijote.(...)"23.
Esta es la única respuesta que da Castelli a la sentencia de
Alzaga, oponiéndole esta sentencia oscurantista con el empuje
de la revolución burguesa, pero desde el lugar del intelectual.
El Cantar del Mío Cid frente a El Quijote.
La estructura narrativa de la Edad Media, el primero, frente a la
piedra fundacional de la novela, género inseparable del empuje
de la burguesía, del desarrollo de las fuerzas productivas,
el segundo.
Pero en la novela de Rivera, vuelve a hablar del Quijote, ahora con
"la capa que huele a bosta y sangre", montado en su
caballo "yendo al encuentro del hombre que compró a Belén",
viaje que se mezcla con el otro para dar la orden de fusilamiento
a "los alzados contra la revolución". En este
doble viaje, Castelli se pregunta, nuevamente, si su nombre "(...)¿Habla
del estudiante que no termina de leer el Quijote, que se hizo traducir
a Marat, y que se acostó, en una inadmisible noche altoperuana
y en una tarde de Carnaval, con una dama más atenta a las eyaculaciones
de un abogadito de corazón todavía docilísimo
que a sus frenéticos sermones?(...)"24.
"(...)Castelli, a caballo,(...)se pregunta por qué
un señor de la vida y la muerte no concibió la posibilidad
de que lo colgaran de maderos infames,(...)25.
Castelli saca dos conclusiones, una, Alzaga "el señor
de la vida y de la muerte", "cuelga de un madero
infame", y la otra, nunca pudo él terminar de leer
el Quijote. El intelectual Castelli no podía dar respuesta
a la sentencia de Alzaga, no podía colgar a la reacción
de "los soldados de Dios" con el Quijote.
No había tiempo para terminarlo. Sólo el intelectual
revolucionario, "con la capa que huele a bosta y sangre",
pudo darla. Dos conclusiones: el Quijote sin terminar de ser leído;
Alzaga, "el señor de la vida y la muerte",
"colgado de maderos infames".
En El verdugo en el umbral, las reflexiones sobre el rol
del intelectual están llevadas a cabo por el narrador en primera
persona que está reconstruyendo una "biografía
apócrifa". Uno de estos capítulos (que como ya
mencionamos están bajo el rótulo de CORRESPONDENCIAS)
está armado con un texto central que es la desgravación
de un reportaje a un obrero, Santos Torres, de la UOM, sobre una asamblea
donde echaron a la dirección burocrática. A este texto
central, Rivera introduce las reflexiones de ese narrador en primera
que es quien hace el reportaje. Es interesante cómo nuevamente,
el intelectual ve la necesidad de dar una respuesta a la realidad
objetiva que lo presiona y que lo lleva a cuestionarse cuál
es su ubicación frente a ésta. El obrero de la UOM da
una respuesta clara y natural (en el sentido de que esa respuesta
se desprende de necesidades concretas, de una experiencia concreta
y no de un proceso de adopción racional, que lo lleve a romper
con su clase): "-Yo soy clasista.". El narrador ve que tiene
que dar alguna respuesta y se pregunta: "(...)Le contesto
que juego al ajedrez.
“Le contesto que es trivial y fortuita la circunstancia de que
seas tú el lector de estos ejercicios, y yo, tal vez, su copista.(...)"26.
Trata de dar una respuesta desde esa frase borgeana desde el destino
prefijado y circular, sin capacidad de modificación, ubicando
al sujeto como mero espectador de su alrededor. Pero más adelante,
en su próxima intervención, el narrador reflexiona:
“(...)No soy Robinson Crusoe. Tampoco Viernes, aquí,
en este bar de luces aguachentas.
“¿Quién soy yo aquí, y ahora? ¿Quién
soy yo, que juego al ajedrez con nadie; que no escribo una novela
que cambie el mundo; que me abstengo de citar al destino, eterno campo
de caza del tango; que no soy Robinson Crusoe ni Viernes?(...)"27.
Acá se expresan sus contradicciones y empieza a cuestionar
la afirmación borgeana. No es ni Robinson Crusoe ni Viernes,
incomunicado en una isla donde la realidad social no existe, no lo
atraviesa. Se abstiene de citar al destino, negando lo fortuito y
circunstancial, la imposibilidad de cambiar lo dado. Y donde surge
la incapacidad de cambiar el mundo desde una novela.
Trotsky y Bretón refiriéndose a los artistas dicen:
"(...)Tenemos una idea demasiado alta de la función
del arte para negarle influencia sobre la suerte de la sociedad. Estimamos
que la tarea suprema del arte en nuestra época es participar
conscientemente y activamente en la preparación de la revolución.
Sin embargo, el artista sólo puede servir en la lucha emancipadora
si se ha penetrado subjetivamente de su contenido social e individual,
si ha llevado a sus nervios el sentido y el drama de aquella y si
trata libremente de dar una encarnación artística a
su modo interior.(...)"28.
La realidad opera e impacta sobre el intelectual o sobre el artista
por ser éste un sujeto social, y su obra es una tensión
entre las contradicciones de su estructura individual y la realidad.
Su rol, sin embargo, va a estar signado a cómo resuelva y qué
respuesta posicional dé a esa contradicción. La no respuesta
lleva a la autodestrucción del individuo en sus distintas manifestaciones:
Poe, Artaud, Essenin...
Notas:
1.Rivera, Andrés, La revolución es un sueño eterno,
Alfaguara, Bs. As. setiembre del '93. 
2.La revolución..., pág. 175, resaltado propio. 
3.Idem. 
4.Rivera, Andrés, El verdugo en el umbral, Ed. Alfaguara, Bs.
As., diciembre '94. 
5.El verdugo..., pág. 152, resaltado propio. 
6.Idem, pág. 179, resaltado propio. 
7.Anderson, Perry, Tras las huellas del materialismo histórico,
Siglo XXI Editores, México, junio del '88, pág. 32.
8.La revolución..., pág. 49. 
9.Idem, pág. 130. 
10.Idem, pág. 172. 
11.El verdugo..., pág. 190, resaltado propio. 
12.La revolución..., pág. 129, resaltado propio. 
13.El verdugo...., págs. 195 y 196, resaltado propio. 
14.Idem, pág. 228, resaltado propio. 
15.Trotsky, León, "Interdependencia dialéctica
del fin y de los medios" en Su moral y la nuestra, Editora Buenos
Aires, Bs. As. 1974, págs. 70 y 71. 
16.El verdugo..., pág. 21, resaltado propio. 
17.Borges, Jorge Luis, "El aleph", en El aleph, Ed. EMECE,
Bs. As., 1978, pág. 166, resaltado propio. 
18.El verdugo..., pág. 220, resaltado propio. 
19.Idem, pág. 219. 
20.La revolución..., pág. 25. 
21.Idem, págs. 88 y 89, resaltado propio. 
22.Idem, pág. 89, resaltado propio. 
23.Idem. 
24.Idem, pág. 101, resaltado propio. 
25.Idem. 
26.El verdugo..., pág. 200. 
27.Idem, pág. 201, resaltado propio. 
28.Trotsky, León y Bretón, André, "¡Por
un arte revolucionario independiente!" en Rivera, Diego, Arte
y política, Ed. Grijalbo, México, 1979, pág.
184. Este manifiesto fue escrito por Trotsky y Bretón, por
cuestiones tácticas Trotsky hizo que lo firmara Diego Rivera
junto a Bretón. 
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