La guerra y la revolución. Reflexiones en torno a la conformación de una agenda teórica marxista.
Por Pablo Bonavena y Flabián Nievas, profesores de la Facultad de Ciencias Socialess, Universidad de Buenos Aires, Argentina.



En los últimos tiempos se están desarrollando en América Latina muchos debates en torno a las posibilidades del socialismo en los inicios del nuevo siglo. Incluso tal iniciativa tiene el impulso de algunas fuerzas políticas constituidas en situaciones estatales como, más allá de Cuba, las personificadas por los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales.1 En efecto, en torno a estas experiencias y de algunos movimientos de masas se instala con más fuerza una agenda afín a la teoría marxista, que no encontraba un lugar en las últimas décadas ni en el mundo académico ni en los distintos ámbitos públicos por donde circula la discusión política.

Ese reaparecer, no obstante, reinstala un conjunto de déficits que ha mostrado la izquierda durante la ofensiva capitalista que se potenció con el derrumbe de muchas experiencias socialistas. Los erráticos criterios para medir las relaciones de fuerza y caracterizar los momentos que atraviesa la clase obrera en su proceso de constitución en cuanto tal plagaron la coyuntura de análisis equivocados que confundieron y confunden meros indicadores de la vigencia de una ley social (la de la lucha de clases) con procesos de recomposición o, incluso, de paso a la ofensiva del proletariado tras la derrota sufrida bajo la argamasa ideológica del neoliberalismo.2 Asimismo, podemos ver una gran abundancia de diferentes versiones del espontaneismo ligadas a catastrofismos diversos que encubren simples estados de ánimo acompañados en un uso indebido de las nociones de polaridad en los procesos de confrontación social, acumulación y realización de poder.3

Seguramente podríamos ampliar la lista de problemas con varios puntos más pero nos interesa enfatizar una cuestión, a nuestro juicio sustantiva: la persistente ausencia en la agenda teórica marxista de la reflexión sobre el terreno de lo militar, pese a que existe una vasta tradición en este sentido.4 Esta falencia no es la primera vez que aparece a lo largo del siglo y medio que tiene esta teoría.


El marxismo y la cuestión militar

El marxismo actual, al menos muchas veces, pareciera que se ha vuelto “pacifista”. Incluso las organizaciones que abrevan en el leninismo transmiten frecuentemente la misma sensación, sin darse cuenta necesariamente que de esta manera estarían renunciando a las aspiraciones revolucionarias.5

Las experiencias de nuestro subcontinente y particularmente de nuestro país deberían poner en cuestión esta orientación de manera inmediata. La ineludible presencia de confrontaciones en la fase superior de la lucha de clases violenta de manera inexcusable la omisión del abordaje sistemático del problema: desde las guerras revolucionarias, triunfantes o no, hasta el ejemplo por el contrario —el caso de la llamada “vía chilena” al socialismo—, el tema militar siempre estuvo en el centro de la actividad revolucionaria.6 Y sigue estándolo en algunas regiones sudamericanas, como Colombia, Venezuela y Perú.7

La pregunta de ayer y hoy sigue siendo ¿Se puede pensar en cambiar el orden social si no es con el ejercicio de la violencia material? Si uno comparte la respuesta del marxismo clásico frente al interrogante, inmediatamente debe preguntarse el cómo hacerlo.

El marxismo comparte muchos de los supuestos de la teoría clásica de la guerra. Entre ellos, aquella idea que considera a la guerra8 como un arte.9 Por eso, si bien no postula la construcción de una ciencia de lo militar, no descansa en la espontaneidad de las masas para resolver el problema militar de la revolución proletaria ya que no sacraliza las posibilidades de la clase obrera sino que, por el contrario, reconoce sus lógicas limitaciones por soportar la opresión en condiciones de ignorancia por tiempos prolongados.10

Por otra parte, la burguesía ha dado sobradas muestras de utilización de las masas en su propio beneficio. Y, en última instancia, cuenta siempre con cuerpos armados altamente profesionalizados a los que recurrir. Esta realidad no permite la improvisación ni los métodos artesanales en la guerra de clases.

Plantear la cuestión militar es no solamente lo más complejo, sino también lo más importante en cuanto a las condiciones de posibilidad revolucionarias. Subsume las cuestiones teóricas y políticas poniendo sobre la mesa las relaciones de fuerza de la manera más descarnada. Así fue entendido históricamente por los principales pensadores marxistas, quienes dedicaron esfuerzos muy importantes para resolver esta cuestión.

¿Se trata, éste, de un planteo militarista? Por el contrario; retomando a Mao Tse Tung podríamos decir que este es un planteo de hacer la guerra para terminar con la guerra.11 La guerra revolucionaria no es deseable, simplemente es necesaria.

Contra la tradición, entonces, gran parte de las organizaciones autolocalizadas en el campo del marxismo tratan de plantear una estrategia revolucionaria sin asumir sistemáticamente la dimensión militar de la lucha de clases. ¿Postulan la acción política sin violencia militar? Negar la violencia política como componente necesario en todo proceso de transformación social colocaría, obviamente, a cualquier organización por fuera del marxismo.

Insistimos, la ausencia o, en el mejor de los casos, la falta de sistematicidad en el tratamiento de los temas militares por parte de los destacamentos anticapitalistas nos indican una debilidad teórico/política que es menester superar, y nos pone en alerta respecto de desviaciones espontaneistas, que siempre relegan el tema a un futuro, al momento en que se armen las masas.

Trotsky embatió con determinación contra el desplazamiento del problema para más adelante: “A la zaga de Lenin, repetimos con frecuencias las palabras de Marx «la insurrección es un arte». Pero supone una frase vacía este pensamiento si no estudiamos los elementos esenciales del arte de la guerra civil sobre la base de la vasta experiencia acumulada durante estos años. Hay que confesar a las claras que nuestra indiferencia por los problemas relativos a la insurrección armada testimonia la fuerza considerable que todavía conserva entre nosotros la tradición socialdemócrata. De seguro sufrirá un fracaso el partido que considere de modo superficial las cuestiones de la guerra civil, con la esperanza de que se arreglará todo por sí solo en el momento necesario. Se impone estudiar colectivamente y asimilarse la experiencia de las batallas proletarias de 1917”.12


Un viejo problema

Como dijimos, esto no es un problema que aparece por primera vez y, como en otras oportunidades, el déficit puede ser revertido.

En un inapreciable trabajo, lamentablemente inédito,13 Roberto Jacoby hizo una reconstrucción epistemológica de este problema. En su rastreo constata que el problema militar desapareció de la reflexión marxista después —y como efecto— de la derrota de la Comuna de París. Lenin realizó ingentes esfuerzos para reinstalarlo,14 lo que resulta coherente en quien postulara que “toda revolución es una guerra”, y no en sentido metafórico. Recuperaba así la preocupación de los pioneros, Marx y Engels, en este tema. En la división de trabajo entre ambos correspondió al segundo profundizar los estudios militares. Su conocimiento y erudición fueron tales que le valieron el mote de “el general”.15

Especialmente preocupada a ambos revolucionarios la debilidad de su campo social y político en lo concerniente a las cuestiones militares. Conscientes del papel que ocupa la guerra en los procesos revolucionarios, al punto que periodizan la lucha de clases hablando del pasaje de la guerra civil más o menos encubierta a la guerra civil abierta, sabían que debían formarse en ese plano de la lucha para apuntalar la acción de masas y otras formas de combate que despliegue la clase obrera.

Por ende, no fue accidental su preocupación por este tema ya que valoraban la necesidad de apropiarse de estos conocimientos. Los militantes revolucionarios demostraban una indisimulable carencia en lo referente a la formación en la práctica militar y los cuadros militares que reclutaban de diferentes ejércitos regulares no estaban a la altura de los acontecimiento y, a pesar de ello y su debilidad teórica y política, monopolizaban las discusiones en el campo puramente militar por su condición de ex–militares profesionales. Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Mao, por solo citar a los principales teóricos, tuvieron una afligente situación común: su debilidad para abordar la materia militar. Esa incomodidad generó que todos ellos hayan esgrimido la recomendación de los estudios militares, procurando así que la realidad de los procesos revolucionarios no los maltrate como a ellos tomándolos escasamente o nada preparados en el momento que la lucha de clases entra en su momento político-militar.16

En una carta Engels le comenta a Marx: “Esta canalla soldadesca tiene un espirit de corps inconcebiblemente sucio. Se odian á mort los unos a los otros, pero están todos unidos contra los civiles... En su momento, mostraremos a estos señores qué significan los civiles. Todas las historias del género me demuestran que no puedo hacer nada mejor que proseguir mis estudios militares hasta que, al menos, uno de los civiles pueda estar a la cabeza de ellos en la teoría.”17

Esta tarea luego fue retomada por Lenin y otros cuadros relevantes como Mao Tse Tung. Según Stepánova Evguenia Akimovna el gran líder de la revolución rusa prestaba “gran atención a las ciencias militares, insistía en que el Partido debía aprender de Engels el arte militar y señalaba la inmensa importancia de los conocimientos militares, del material de guerra y de la organización militar”.18 Esta opinión encuentra apoyo en la propia esposa de Lenin, Nadejna Konstantinovna Krupskaia, que comentó en sus memorias: “Ilich no sólo leía todo lo que Marx y Engels habían escrito sobre la rebelión y revolución [...] también leía muchos libros sobre el arte de la guerra [...] En realidad se ocupo de esto mucho más de lo que se supone”.19 Asimismo, varios testimonios señalan que Lenin obligaba a los jóvenes integrantes del comité central a “estudiar a fondo los asuntos militares”.20


La guerra en la actualidad

En los inicios del siglo XXI estamos, en este plano, en una situación análoga a la vivida en aquellos años que siguieron al revés sufrido en la Comuna. El efecto de la derrota de la revolución en el mundo en general y en nuestro país en particular ha radiado el tema de la agenda marxista. Los partidos que se reclaman dentro de esa tradición no sólo carecen de programa militar —el que, por supuesto, no necesariamente debe ser público— sino que demuestran cierta indiferencia ante el tema. Cuando ésta se impone, cuanto más, reproducen aquella matriz de razonamiento rechazada por Trotsky que relega, recordemos, el planteo del problema al momento en que el pueblo se levante en un futuro. Fórmula que no resuelve el problema sino que, más bien, procura quitárselo de encima.

La práctica de la guerra se ha transformado en el último medio siglo, pero son los especialistas burgueses quienes se ocupan del problema. Esto es tanto más significativo cuando se observa que tales transformaciones tornan más asequible al campo revolucionario la práctica efectiva y exitosa de la guerra. Si algo demuestran las conflagraciones actuales es la vigencia de la “guerra de la pulga”, solo que con planteos más sofisticados que los utilizados por los vietnamitas o Lawrence de Arabia. Hoy la disponibilidad tecnológica permite trazar líneas verosímiles de acción, pero la imposibilidad de hacerlo es anterior, se instala en otro lugar: el vaciamiento teórico.

Ese espacio sin llenar no se explica únicamente por la claudicación o el desconocimiento teórico, factores que seguramente juegan algún papel, sino que más bien estamos frente a lo que Gastón Bachelard dio en llamar “obstáculo epistemológico”,21 esto es, la imposibilidad de pensar un determinado problema, no porque se carezca de los elementos, sino porque los prejuicios operan distorsionando el ensamblaje de tales elementos, reacomodando la mirada de forma tal que se adapta de cualquier manera a las formas precedentes de pensar. En tal sentido es tan notable observar el silencio de los intelectuales y organizaciones marxistas sobre temas militares y de las nuevas formas de la guerra tanto como la sobrevaloración acrítica de la democracia.

Si algo caracteriza a las contiendas actuales es, desde el punto de vista político, que la mayoría de ellas son imperialistas/de resistencia antiimperialista; y desde el punto de vista técnico-militar, que se enfrentan ejércitos profesionales con organizaciones semiclandestinas. El tipo de combate que se plantean anula la operatividad de buena parte de los sofisticados y costosos sistemas de armas desarrollados por las potencias militares.

El reciente fracaso del poderoso ejército israelí frente a las milicias de Hezbollah, como el sostenido fracaso del altamente tecnificado ejército estadounidense en Irak o frente a las precapitalista organizaciones afganas indican que tal “superioridad” es, cuando menos, cuestionable —y cuestionada—. Sus escasos márgenes de acción, de origen político, intentan ser ampliados tecnológicamente, pese a que, tal como lo reconocen sus más prestigiosos tecnólogos, del reconocido Massachusetts Institute of Technology (MIT), “las soluciones pasadas de moda de los seres humanos aún pueden ganarle a la tecnología. Nuestras redes realmente no tienen la sensibilidad de seguir a los enemigos poco convencionales.”22

Esto ha sido caracterizado desde el campo burgués como guerra “asimétrica”, “guerra de baja intensidad” (GBI), etc. Pero los más lúcidos no ocultan su carácter de clase: Michael Klare y Peter Kornbluh —este último analista del Archivo de Seguridad Nacional, de Washington— sostienen, al definir la GBI, que “se trata de una doctrina cuyo objetivo esencial es el de combatir la revolución”.23

Frente a este panorama el marxismo no ha elaborado nada para decir, aún cuando los hechos actuales demuestran que es posible equilibrar relativamente desde el punto de vista militar una correlación de fuerzas desfavorable con un planteo estratégico adecuado. Pero desde ya que si ese plan estratégico quiere tener realidad debe fundarse en un esfuerzo teórico/político de gran magnitud para componer fuerzas dentro del proletariado y sus vanguardias. Mientras tanto, retomar la problemática militar con sistematicidad y estudiar las nuevas formas de la guerra podría ser el comienzo de la formulación de una estrategia política militar para el proletariado o, al menos, el intento de completar una agenda marxista con rigor. Como sostiene Horacio Benítez “el tema militar —como el político o el económico— las doctrinas, estrategias y los desarrollos de la administración de la violencia por parte de las clases sociales explotadoras y neocoloniales, debe ser objeto de permanente estudio en el movimiento popular, obrero y revolucionario para profundizar en la ciencia militar revolucionaria, tan fundamental en la teoría y la práctica de la lucha contra el imperialismo y por el socialismo. La ciencia y el arte de la política no pueden excluir ni satanizar el tema militar ni el arte de la guerra. Ese no es un monopolio ni una exclusividad de las clases explotadoras.”24


Notas:
1. Véase al respecto de Sáenz, Roberto; “¿Cómo alumbrar el socialismo del siglo XXI?” Revista Socialismo o Barbarie. Buenos Aires. Diciembre de 2005.
2. Varios de estos inconvenientes vienen siendo señalados sistemáticamente por los artículos de Luis Bilbao en Crítica de Nuestro Tiempo. Revista Internacional de Teoría y Política. Véase, por ejemplo, el número 33. Año XV. Abril/Septiembre de 2006.
3. Sobre el tema véase Marín, Juan Carlos; La noción de “polaridad” en los procesos de formación y realización del poder. Cuadernos de CICSO, Serie Teoría Nš 8, Buenos Aires, 1981
4. Para una explicación sobre las posibles causas de la falencia véase Gómez Tagle, Sivia: “Reflexiones sobre una estrategia político-militar. Entrevista a Juan Carlos Marín” Revista Nueva Antropología, Nš 15/16 de México, 1980. También Bonavena, Pablo y Nievas, Flabián: "Política sin violencia. Consideraciones sobre la fundamentación de las prácticas políticas de la izquierda en la Argentina después de la última dictadura militar". Ponencia presentada en la Comisión de trabajo: "Violencia, seguridad ciudadana, derechos humanos y gobernabilidad". XXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). Universidad de Concepción. Chile, octubre de 1999.
5. No son ajenas a la misma limitación las organizaciones que se reclaman trotskistas.
6. En las últimas décadas en América Latina el debate en torno a la lucha armada fue iniciativa en algunos países casi exclusivamente de los Partidos Comunistas.
7. La casi absoluta falta de referencias a organizaciones como Sendero Luminoso, actualmente operativo en la región amazónica peruana no es responsabilidad exclusiva de los medios de difusión masiva. La izquierda también tiene sus “descuidos”.
8. Véase de Ancona, Clemente; “La influencia de De la Guerra de Clausewitz en el pensamiento marxista de Marx a Lenin”. En Lenin, Ancona, Braun, Razin, Stalin y otros; Clausewitz en el pensamiento marxista, Cuadernos de Pasado y Presente Nš 75, México D.F., 1979.
9. Véase de Trotsky, León; “El problema de la insurrección y de la guerra civil”, en Mandel, Ernest (comp.); Trotsky: teoría y práctica de la revolución permanente. Siglo XXI, México D.F., 1983.
10. Véase Trotsky, L.: “¿Científicamente o de cualquier modo? Carta para un amigo” del 23 de febrero de 1919. Cuadernos del C.E.I.P. León Trotsky “León Trotsky: Jefe Militar de la Revolución Rusa”. Buenos Aires. Nro. 2, agosto de 2001.
11. Mao Tse Tung; “Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria en China”. Capítulo I. Diciembre de 1936. Selección de escritos militares. La Rosa Blindada. Buenos Aires, 1972.
12. “Lecciones de Octubre” de septiembre de 1924.
13. Se trata de “El asalto al cielo”, originalmente mimeografiado por el CICSO. Se lo puede encontrar en http://ar.geocities.com/sociologiadelaguerra/textos/Jacoby.html 14. Es particularmente esclarecedor su artículo “La guerra de guerrillas”, de septiembre de 1906, en Obras completas, Editorial Progreso, Moscú, 1985, tomo 14.
15. Mehring, en su biografía de Marx, apunta: “Apenas instalado en Manchester, se puso [Engels] a «empollar cosas militares», empezando por «lo más simple y ordinario, lo que exigían en los exámenes de ingreso a las Academias y que, por tanto, había que suponer sabido por todos». Púsose a estudiar la organización toda del ejército, hasta en sus detalles técnicos más minuciosos: estadística elemental, sistema de fortificaciones, desde Vaudan hasta el sistema moderno de los fuertes aislados, construcción de puentes y atrincheramiento de campaña, ciencia de las armas y construcción de cureñas de campo, sistema sanitario de los lazaretos, etc.; finalmente se consagró al estudio de la historia general de las guerras, aplicándose con especial cuidado a las obras del inglés Napier, del francés Jomini y del alemán Clausewitz”. Mehring, Franz; Carlos Marx. El fundador del socialismo científico, Claridad, Buenos Aires, 1958.
16. Según Franz Mehring, “La ambición de Engels, es sus estudios militares, era poder alzar la voz en los debates teóricos sin quedar en descubierto”, asimismo “[...] los oficiales que se pasaron al campo del pueblo durante los años de la revolución no habían dado muy buenos resultados”. Op cit. Véanse más detalles sobre la cuestión: Ancona, Op cit.
17. Carta del 23 de mayo de 1851. Correspondencia, Problemas, Buenos Aires, 1947.
18. Krupskaia, Stepánova; Federico Engels. Esbozo biográfico, Agencia de Prensa Nóvosti, Moscú, 1986. pág. 59.
19. Citado por Braun, Otto; "Introducción". En La influencia.... Op cit. pág. 46.
20. Stalin, José; “Respuesta del Mariscal Stalin al Coronel E. Razin”, publicado en La influencia.... Op cit. pág. 103.
21. Cf. Bachelard, Gastón; La formación del espíritu científico, Siglo XXI, México D.F., 21Š edición, 1997.
22. Talbot, David; “How Technology Failed in Iraq”, Technology Review, noviembre de 2004. Puede encontrarse en http://www.techreview.com/Hardware/wtr_13893,294,pl.html (Traducción Marina Malamud).
23. Klare, M. y Kornbluh, P.; “El nuevo intervencionismo: la guerra de baja intensidad”, en Klare, M. y Kornbluh, P. (comp.) Contrainsurgencia, proinsurgencia y antiterrorismo en los 80. el arte de la guerra de baja intensidad, Grijalbo, México D.F., 1990, pág. 16.
24. “¿Guerra asimétrica o guerra de todo el pueblo? IIŠ parte”, en http://www.aporrea.org/actualidad/a 14363.html